¿El fin del periodismo?

Es impresionante cómo ha aumentado la CENSURA en redes sociodigitales. El contenido noticioso es continuamente censurado, baneado y desmonetizado en las grandes plataformas, bajo cualquier pretexto. Ya no se puede compartir noticias sin ser sancionado.
Durante un tiempo, las redes fueron una alternativa a la prensa corporativa. Hoy, las redes son otro instrumento de control del poder hegemónico. Casi cualquier contenido noticioso, en un mundo tan convulso, será sancionado, mientras se promueve el contenido frívolo, banal.
No se puede hablar de guerras. No se puede hablar de pandemias. No se puede hablar de geopolítica.
Solo se permite el contenido frívolo para promover masas idiotizadas por entretenimiento burdo.
Las redes juegan el mismo papel hoy que la televisión a lo largo del siglo XX. El mote de ‘la caja idiota’, hoy aplica sin problema para el contenido que predomina en redes.
No hay forma de financiar periodismo verdaderamente crítico, que siempre terminará incomodando a alguien.
Quienes ejercen esa labor, lo hacen más por activismo político, que por una cuestión netamente profesional.
Demasiados riesgos, restricciones y problemas, sin una retribución proporcional.
Hoy las aportaciones directas de las audiencias permiten financiar proyectos pequeños, pero difícilmente eso da para financiar una redacción pequeña, sin depender de fundaciones extranjeras, dinero del gobierno o de grandes empresariales, vía publicidad.
Peor aún los proyectos pequeños, financiados por las audiencias, son baneados y censurados por las grandes corporaciones que controlan las grandes plataformas de redes sociodigitales.
No vale la pena invertir meses de trabajo en un reportaje que nadie verá.
En el fondo, creo que esta crisis del periodismo y de los medios es parte de la crisis civilizatoria de la modernidad.
Durante al menos 2 siglos, la modernidad europea vendió la idea de la “libre expresión” como uno de los ejes del Estado burgués. Hoy, ese modelo ha colapsado.
El modelo actual de periodismo nació en el siglo XIX como brazo político de la emergente burguesía, como parte de su proyecto de captura corporativa del Estado.
El crecimiento exponencial de la acumulación capitalista en pocas manos, es más que evidente en medios y redes.
Hoy, la gran prensa corporativa no es sino un vil instrumento de propaganda hegemónica.
Ante el colapso del proyecto liberal, el Estado burgués defiende los intereses de grupos económicos EN CONTRA de intereses POPULARES.
Por ello, la prensa hegemónica hoy, en el mundo, es esencialmente GOLPISTA, se opone férreamente a todo discurso que se atreva a cuestionar al caduco liberalismo, el Estado burgués y sus beneficiarios, promotores del capitalismo rapaz.
Quienes cuestionen eso, serán sancionados.
El liberalismo fue la ideología base del proyecto moderno, cientificista y colonialista. Ante el derrumbe civilizatorio, surgen expresiones “libertarias”, indistinguibles del fascismo, que promueven un individualismo obsceno para justificar el despojo y la acumulación capitalista.
Lamentablemente, lo mismo ocurre con las universidades y centros de investigación.
Cualquiera que ose desafiar el rancio discurso de los liberales y su agenda ‘progre’, será perseguido y sancionado.
Vivimos en el OSCURANTISMO LIBERAL y la mayoría ni siquiera se ha dado cuenta.
Las contradicciones retóricas del poderío hegemónico globalista, son síntoma de este derrumbe del proyecto civilizatorio moderno.
Entre más se derrumba el modelo, menos les importa seguir aparentando mínimas dosis de civilidad. Ahí está el GENOCIDIO en Palestina como ejemplo.
El modelo de periodismo actual, es hijo del caduco proyecto liberal y burgués.
Ante la debacle hegemónica del liberalismo, se hace más evidente la farsa del “periodismo independiente”.
Mejor reconocerlo, que seguir repitiendo discursos que no corresponden con la realidad.
A la prensa hegemónica no le interesa financiar reportajes con fines sociales, porque la burguesía ya logró su objetivo histórico de apropiarse del Estado. Terminaron aliándose con sus antiguos adversarios de la monarquía y hoy forman un mismo bloque: la super élite globalista.
Todo aquel que ose cuestionar a la hegemonía globalista será excluido, sancionado, censurado, encarcelado o asesinado. En ese orden.
Los gobiernos progres en América Latina no logran salir del marasmo hegemónico, porque los progres siguen siendo liberales.
Por eso mismo, la alternativa al liberalismo que ha surgido en países como China y Rusia, es calificada por los liberales como “populismo” o “autoritarismo”.
Repetir esos calificativos, solo evidencia el grado de sumisión mental a los intereses de la caduca élite liberal.
Un mundo muere y otro está aún por nacer.
El periodismo como lo conocemos, es parte de un modelo civilizatorio que se derrumba.
Los periodistas tenemos que asimilar esta dura verdad, adaptarnos a una realidad apabullante y buscar alternativas de subsistencia.
No hay más. ::.

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