El enamoramiento (2): Aproximándonos al fenómeno
Entre las múltiples descripciones del enamoramiento que nos proporciona la literatura, he escogido una de John Steinbeck en su novela «Al este del

Edén». Quizás, a primera vista, no parece referirse al enamoramiento y, sin embargo, es una descripción preciosa:
Vamos a tratar de sondear en qué consiste el enamoramiento: esos momentos de gloria que proporcionan el color a la vida; su sentido, su significado, su calado. El enamoramiento es algo muy profundo en la vida del hombre, un fenómeno mucho más amplio y más denso de lo que habitualmente pensamos, seguramente este es el motivo por el que puede sorprender el texto que acabamos de utilizar para describirlo.
A la vez, el enamoramiento es absolutamente necesario: sin enamoramiento

no podríamos vivir, habríamos perdido la orientación y el color de la existencia, su luz y su sentido.
El enamoramiento se extiende a muchos otros campos distintos de la relación hombre-mujer, aunque es ahí donde tendemos a situarlo, porque este es el enamoramiento por excelencia, ya que esa es también la relación del hombre por excelencia. Todo está en su interior. Como las nueces, que protegen su contenido, el enamoramiento también protege su contenido. Nos atrae, nos ilusiona, tenemos una idea de lo que es, deseamos vivirlo, incluso lo vivimos, pero parece que todo se refiere a su resplandor, a la manera en que se presenta. A pesar de la atención que se le presta, no estamos muy acostumbrados a pensar sobre él. Sin embargo, en su interior está todo, lo dice todo. Si supiésemos leerlo mejor; si nos diésemos cuenta de que el enamoramiento es sobre todo comunicación, descubriríamos de pronto la vía que nos abre al mundo: el enamoramiento es el único modo de descubrir en sí mismas las cosas y las personas.
El enamoramiento nos muestra las cosas, les da luz y color y por eso podemos verlas, incluso podemos afirmar que solo vemos aquellas cosas que están en la luz y han recibido el color como una gracia. Todo lo demás está en un gris indeterminado, indiferente, no resaltan a nuestra mirada. El enamoramiento pone la luz y el color, y sucede lo mismo que con la luz y el color, que nos subyugan y nos quedamos mirando la luz y los colores.
Con el enamoramiento sucede también que en ocasiones nos cuesta ver las cosas o las personas que el enamoramiento nos muestra, y nos quedamos subyugados por el propio enamoramiento, nos enamora sentirnos enamorados.

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