El día más feliz de tu vida
Desde que empezamos a comentar que nos casábamos y se corrió la voz, no han parado de llegarnos felicitaciones. La gente se emociona mucho, empieza a soñar, a recordar sus bodas y darnos consejos. A veces me da la sensación de que hay gente que me rodea que tiene más ilusión que yo. Bueno, no es que me dé la sensación, es que es así. Tal cual. Ya he dicho que para mí es un trámite sin más. Como el que tiene que darse de alta en la seguridad social cuando empieza a trabajar, hacerse el DNI con 14 años, o sacarse el pasaporte cuando vas a salir de zona Schengen. Como necesitas un par de testigos, pues ya que estás, te vas a comer. Afortunadamente, la gente más cercana, la que mejor nos conoce, sabía más o menos la idea que teníamos en mente, pero supongo que hasta que no llega, no son conscientes de verdad y a alguno le quedaba la esperanza de que, llegado el momento, al final hubiera bodorrio típico.

He oído tantas veces aquello de que es el mejor día de tu vida, que al próximo que me lo diga no sé si me voy a controlar. Yo guardo en mi memoria días importantes a lo largo de mi vida, y la gran mayoría se corresponden con logros personales. Una boda como esta que viene en camino, no es un día al que creo que haya que darle tanta importancia. Y aquí estoy, volviendo a escribir sobre un tema al que no le doy mucha importancia… Lo que realmente ocurre es que genera agobio por todo el entorno, por pensar en todo lo que me cuentan que planearon para sus bodas, para que todo saliera perfecto. Y sin embargo, nada es perfecto, porque no lo puedes controlar todo, porque generalmente el fotógrafo te controla, porque no te hacen el peinado que querías, porque fulanito se pasó con la bebida e hizo el ridículo, en fin, mil historias.
Y la verdad es que ahora entiendo la figura de la organizadora de bodas, porque es una empresa harto complicada. Se lleva mucho tiempo de la vida de los contrayentes, mucho dinero y muchas discusiones. Porque lo que he oído mucho es que al final los novios no paran de discutir a la hora de tomar decisiones. Y es que no es de extrañar, porque se concentran en pocos meses muchas decisiones. Que si el banquete, que si cuánta gente, que si las invitaciones, las flores, los trajes, el peinado de la novia, los complementos de la novia, las mil chorradas de la novia, los regalitos, las alianzas, las niñas de los pétalos, de las arras, el fotógrafo, el coche, el baile, el viaje. ¿Ya da agobio, no? Pues súmale además la presión de las familias, los compromisos, la gente que quiere que le des la invitación en mano… No tengo ni tiempo, ni ganas, ni ilusión, ni dinero para ese tipo de boda.

No me extraña que a final sea el día más feliz de tu vida, es que cuando llega, por fin respiras tranquila… Aunque claro, te dicen que es el día más feliz de su vida, pero entonces, ¿en qué lugar dejamos el matrimonio? Cuando te casas con la idea romántica de dar un nuevo paso, de ir más allá, de formar una familia y ese tipo de razonamientos, la boda debería ser un medio, no un fin. Y sin embargo, de todo lo que oigo, me da la sensación de que la boda era el fin y el matrimonio, bueno, algo que tendría que venir después.
Para mí, ya lo he dicho, es una firma sin más, y por es no le doy más importancia que la que tiene el día a día. Que es lo realmente difícil y ¡encima sin planificación!
Pero bueno, de lo que se trata es al final, ya que lo vas a hacer, que sea como los involucrados quieran, ni más, ni menos. Con los detalles que quieras incluir, al final, tiene que reflejar el estilo y la personalidad de los contrayentes. Y al que no le guste, que se case él y empiece a planificar. Que a veces la gente va con su mejor intención, pero no hace más que ejercer presión y agobiar con algo que se había planteado de una forma totalmente natural como una comida familiar íntima.
Así que, si estás en una situación similar, recomiendo algo que me está funcionando para mantener mi paz mental (al menos la mayoría de las veces): repetir el mantra “soy un junco hueco” y aquello de “asentir y sonreír”, ya que muchas veces la gente sólo quiere alguien que le escuche su experiencia, y realmente luego le da igual qué es lo que vayas a hacer tú. Eso lo he notado porque más que preguntar, hablan y hablan.
Yo por hoy, me callo.

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