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El cuento de la cultura

May 24, 2016
3 min read

A la banda PRENDE

Que será el arte sino una hemorragia sentimental, qué será la cultura sino la memoria acumulada en ese torrencial aguacero de querencias que es la vida porque la cultura está también en el arado del campesino, en la tiendita de la esquina, en los chistes que se cuentan los albañiles entre el cascajo, en el mole que preparan las cocineras, el bordado imposible que van hilando las mujeres de colores en lo alto de la sierra, la cultura está también en las muchas formas de nombrar al sol, el cielo y la tierra, está en el sonido inmaculado del desierto y la meseta imposible donde florece el grano dorado de la palabra, la cultura está también en la red del pescador y las profundidades del lecho submarino infestado de monstruos, el cuento sobre el origen de la existencia que susurran los árboles, está en el misterio insondable de la noche respirando transparencias en la teatralidad de un beso, el eco distorsionado de la guitarra, el rutilante parpadeo tornasol de las luces sobre el escenario, la ingravidez de los cuerpos arremolinados al compás del viento, la desnudez de la sangre derramada sobre el lienzo y versos colmados de esperanza, porque la cultura no es solo beber vino con el meñique extendido, no es sólo la clamorosa tiranía de los aplausos, no es sólo el negocio de los premios en la dictadura del mercado, cultura son también dos manos amasando maíz para hacer tortillas, es el aroma de madera vieja en una antigua librería, es el temblor del alma en la tesitura del violín y su nostalgia de huapango, es una fotografía tatuada en la pulcritud de la piedra, es el barro y es el fuego primigenio que forjó la vasija donde reposa el agua fresca, es un pedazo de papel con tinta dibujando otros mundos posibles, porque la cultura, como el arte y la poesía persiguen siempre el mismo fin: unir lo que alguna vez fue separado, el corazón de los hombres y las mujeres que pueblan el mundo de risas y llanto, de dolor y algarabía, magras pulsiones que yacen siempre en la persecución de un sueño, el sueño polifónico que camina dormido y se abre paso en el escarpado terreno, el sueño de la vida que se abre y germina entre ataúdes de anónima muerte, el sueño de la resurrección de las flores en la calurosa primavera, la simiente que abreva del principio del tiempo para escribir el mañana en el idioma secreto de las aves, porque la cultura es eso, es el abrazo de todas las personas en el carnaval de la diferencia, es la comunión del símbolo donde se refleja la humedad del alma, la alegría de saberse acompañado en el acecho permanente de esta jauría de silencios y desasosiego que es el olvido, porque la vida es canto, es compartir la alegría del vino con los amigos, es bailar bajo una lluvia donde nunca escampa la alegría, es la palabra escrita que nos moja los ojos sin saber por qué, la vida que tiembla de placer en los aullidos de la luna llena empapada de amor, y si la vida es un cuento, habrá de ser contada para seguir floreciendo, y ahí estarán los periodistas, con sus plumas afiladas, batiéndose a duelo mortal contra la tempestad, el desvelo, el hastío y el hambre, ahuyentando la soledad de la sombra con su templanza a prueba de todo, soportando el frío y la calamidad con su grabadora, dando cuenta de nuestra finitud terrestre para rozar la eternidad en papel periódico, haciendo surcos en el aire con sus ojos soñolientos y su lengua cantora que abrirá de un solo tajo el amurallado corazón de sus lectores, ahí estarán los periodistas para contarnos la historia humana derramada en canciones, en libros, en el vaivén de imágenes que se suceden en la cinematografía del inconsciente, en la percusión de la sangre donde se revela la claridad del alma, ahí estarán los periodistas, haciendo la crónica del amor en todas sus formas, narrando la historia de un nuevo comienzo, porque el arte y la cultura son también cuento, el cuento de la fragilidad humana, una bocanada de aire limpio con sabor a eternidad. ::.

 
 
 

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