El caso Asunta
Hace unos días hablé de Lo que la verdad esconde: El caso Asunta (Operación Nenúfar), la serie documental sobre el Caso Asunta de Bambú Producciones. En el momento de su preparación y posterior grabación apenas había pasado tiempo desde el asesinato y del juicio, por lo que el entorno de la familia aún estaba conmocionada. Además, los medios digamos que no habían realizado una aproximación muy cuidadosa, por lo que no es de extrañar que poca gente quisiera hablar con Ramón Campos y su equipo cuando estaban realizando la investigación. No obstante, cuando se emitió y se constató que no se había buscado el morbo y había sido riguroso, mucha gente de aquella que inicialmente se mostró reticente a hacer declaraciones, de repente, se comenzó a poner en contacto con el productor.
Con nuevos datos, Campos se planteó hacer un nuevo documental, pero en el fondo no tenía tanto material nuevo como para construir una segunda parte que no fuera en realidad más de lo mismo. Así pues, en su lugar decidió convertir toda su investigación en una miniserie. Mientras que en el documental buscaba señalar los fallos en la instrucción, las incoherencias de las declaraciones, los cabos sueltos y el comportamiento de la prensa, con esta versión dramatizada se permite fabular para rellenar los huecos y plantear diferentes hipótesis.
El caso Asunta arranca cuando el matrimonio ocupó los titulares de la prensa local por ser la primera pareja gallega que adoptaba una niña de origen chino. Ambos sonríen a cámara y se muestran satisfechos con su decisión e ilusionados por su reciente paternidad. La historia salta entonces al 21 de septiembre de 2013, el día en que su hija es encontrada muerta en una cuneta a las afueras de Santiago de Compostela, poco después de que ellos hubieran denunciado su desaparición. La noticia, que no tarda en copar todos los titulares de los periódicos y las tertulias de las mañanas, conmociona a a toda la ciudad e incluso al país entero.
A partir de aquí, la serie narra cómo empieza a desarrollarse la investigación policial y cómo las primeras pesquisas pronto recaen pronto sobre los padres como presuntos autores. Y es que se contradicen en sus declaraciones, parecen ocultar pruebas, van aportando nueva información sobre la marcha, cambian de versiones… El día 24 se procede a detener a Rosario y un día más tarde a Alfonso. Nadie logra entender cómo acaban estas dos personas felices y sonrientes por haber adoptado a una niña asesinándola años después.
A lo largo de sus seis episodios, de unos 50 minutos de duración, El caso Asunta recrea de forma exhaustiva la investigación real realizada entre 2013 y 2015 con una narración en dos líneas temporales distintas entretejiendo lo que ocurrió antes de la muerte de la niña con el proceso de la investigación y juicio. Al igual que el documental, la miniserie recoge tanto la infidelidad de Rosario, como la contaminación de la camiseta de la niña con semen, el ataque de un hombre misterioso en casa de Rosario, las ambiguas fotos de la niña encontradas en el segundo móvil del padre o la repetida sedación con Lorazepam. Pero va más allá e incorpora algunas novedades como la búsqueda de las cuerdas rojas que ataron el cuerpo de Asunta o el testimonio de una compañera de francés que aseguró que la vio junto a Alfonso la tarde de su muerte.
El caso Asunta destaca sobre todo por el espectacular trabajo que hacen los actores de esta serie, especialmente los dos protagonistas, que cargan sobre sus hombros todo el peso de la historia. La interpretación de Candela Peña es sobrecogedora. Y lo curioso es que ni siquiera entraba en los planes de los creadores cuando realizaron las audiciones. Ella insistió en que podía hacerlo y como fue tan insistente, finalmente la dejaron hacer las pruebas. Ahora, seríamos incapaces de pensar en alguien mejor para interpretar a Rosario Porto.
Pese a no tener un parecido físico con la gallega, Peña consigue dejar al espectador con la boca abierta al entregarse por completo a un papel con un gran peso dramático. Pero es que a la dificultad de interpretar a una mujer que está viviendo el momento más terrible de su vida, se le suma la complejidad del acento gallego, de sus inflexiones en la voz, de una forma de moverse con esa energía tan concreta que tenía Porto. Consigue calcarla sin caer en la sobreactuación o la parodia.
Tristán Ulloa como Alfonso Basterra no llega a mimetizarse de la misma manera que su compañera, pero también firma una interpretación sobresaliente que eclipsa sus trabajos anteriores.
Más allá del dúo protagonista, el resto del reparto de El caso Asunta también funciona con absoluta precisión, dotando a los personajes de profundidad y matices. No en vano entre los secundarios encontramos nombres de la talla de Alicia Borrachero como Belén Hospido y Francesc Orella como José Luis Aranguren, los letrados que representaron a Alfonso Basterra y Rosario Porto respectivamente; Carlos Blanco y María León interpretando a dos inspectores de la Guardia Civil; Javier Gutiérrez como juez Malvar y Ricardo de Barreiro como el fiscal Jorge Fernández de Aranguiz; o Raúl Arévalo como Juan Guillán, primer abogado del matrimonio.
No obstante, pese a que El caso Asunta cuenta con el rigor que caracteriza a los trabajos de Campo y recoge con mucha precisión lo acontecido entre 2013 y la condena definitiva, también se permite alguna licencia. Por ejemplo, en la serie se dedica un episodio a la hipótesis de que Alfonso Basterra era un pederasta porque se encontraron en su móvil unas fotos de la niña cansada y con poca ropa. Sin embargo, estas imágenes tomadas tras una exhibición de danza escolar no tuvieron tanto peso en la investigación. De hecho, se encontraron en los móviles de ambos padres.
Manuel, el amante de Rosario Porto, no tuvo tanta importancia en el proceso judicial como se muestra en la miniserie. Ni siquiera se le llegó a tomar declaración, porque se consideró que tan solo iba a aportar morbo a un caso tan delicado y mediático.
Y hablando de personajes, el de Cristina, la guardia civil que encarna María León, está creado expresamente para la serie. En la realidad fueron varios agentes los encargados de la investigación, pero para el desarrollo de la trama es más manejable que recaiga sobre una persona únicamente (o un par a lo sumo). También es ficción el juez Malvar, interpretado por Javier Gutiérrez, cuyo personaje se basa en el magistrado José Antonio Vázquez Taín, que sí que participó inicialmente en el documental.
Este juez de instrucción sirve para explorar las luces y sombras de una investigación que estuvo sesgada desde el inicio. En la miniserie se le señala como el responsable de las filtraciones a prensa y el principal culpable de intoxicar a la opinión pública y a los que posteriormente serían los miembros del jurado popular. Porque puede ser que Porta y Basterra fueran culpables, pero el proceso no fue todo lo justo y limpio que debería haber sido.
Al igual que Lo que la verdad esconde: El caso Asunta (Operación Nenúfar), la miniserie se basa en los hechos probados, y, aunque hay una sentencia judicial y los padres fueron condenados, también es cierto que existen muchas lagunas en el caso y no se sabe, incluso a día de hoy, cuál fue el móvil del asesinato. Ni el económico, ni el de que Asunta podría haber sido vista como un obstáculo en la relación de sus padres o la inestabilidad mental de Rosario pudo demostrarse. Ninguna de las tesis fue concluyente, por lo que El caso Asunta no puede llegar a señalar exactamente qué sucedió en el momento concreto de la muerte de la niña. Por ello emplea el mismo ingenioso y acertado recurso de The Staircase, el de mostrar varias versiones distintas, y a la vez igual de plausibles, para que el espectador elija su hipótesis.
En plena época dorada del true crime con numerosos formatos que exploran la mente criminal (desde libros a podcasts pasando por documentales o series), los programas basados en casos tan mediáticos como este son una apuesta comercial segura, porque hay algo en la condición humana que llama a adentrarse en estos macabros sucesos. En ese sentido El caso Asunta es una miniserie conservadora que no inventa nada nuevo en el género, pero hay que destacar que está excelentemente ejecutada. Con unos escenarios realistas y un toque de costumbrismo, la ficción de Ramón Campos huye del sensacionalismo y el morbo y en su lugar presenta una dramatización de un caso muy mediático desde el respeto y el rigor. Su magnífico elenco y un ritmo, en ocasiones angustioso, hace que se trate de un producto muy satisfactorio.

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