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¡Ecuatorianos, derribad la tiranía!

Oct 8, 2019
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Eran millones inundando las calles, luchando contra la tiranía, entre gases lacrimógenos, y los garrotes y los tanques y la persecución y los presos y los muertos…

Estás en el centro del mundo, en el centro de la historia, escribiendo el destino de nuestro continente.

¡Cuánta dignidad la tuya, hermano ecuatoriano, hermana ecuatoriana, tú que decidiste salir a luchar por la vida, antes que morir lentamente acatando los mandamientos del Fondo Monetario Internacional y su sed de miseria.

Qué orgullo ser latinoamericano y ser hermano tuyo, ecuatoriano, que no te doblegaste ante la represión de ese déspota minusválido que amenazó con reprimir a su pueblo como vil sirviente del imperio, ese infame traidor, hombrecito diminuto y cobarde que se autoproclamó dictador, un tal Lenín Moreno, que vendió a Assange como vil Judas para no hacer enojar a sus amos del norte, el mismo personaje capaz de vender a su puta madre por un plato de lentejas.

Desde Quito a Guayaquil, de Loja a Cuenca, de las arenas de Portoviejo al valle sagrado de Vilcabamba, desde las flores de Otavalo hasta tus islas repletas de dragones marinos, de la impenetrable Amazonia a tu cordillera andina de cuatro picos, desde las entrañas hirvientes del Tungurahua y el Cotopaxi, o las heladas alturas del Chimborazo, ha llegado la hora de luchar contra los tiranos y aplastar a los traidores, mutilar el odio del que odia y se ha quedado ciego.

Así es hermano mío, ecuatoriano, hombre de serranía y labranza, es hora de derribar puertas y hacer barricadas, tomar el Congreso y sacar con piedras y gritos a los crueles verdugos que dormían en tu casa, hay que enjuagarse el corazón en la humedad de la tierra, hay que enraizar el recuerdo en el relato de los abuelos, levantar el puño y la mirada, limpiarse la sangre de la frente y levantar el vuelo como cóndor a ras de cielo, que el mundo es de todos y para todos habremos de defenderlo de la mórbida ambición de los banqueros y su insaciable hedor a podredumbre.

Hermana ecuatoriana, hoy nuestros sueños son también los tuyos, eres el espíritu de un continente que ha despertado del letargo, y aquí seguimos en la lucha contra el hambre y la ruina del cuerpo, la infatigable batalla contra la tristeza, porque al igual que tú somos un solo pueblo que resuena en un canto de guerra, desde Tijuana a la Tierra de Fuego, somos un solo pueblo que derriba murallas, ecuatorianos, hoy nuestro destino es también el suyo y su victoria será la nuestra, porque en esta guerra inacabable contra la ambición desmedida y la desmemoria habrá tiempo de llorarle a nuestros muertos, pero hoy es tiempo de dar la batalla en las calles, aniquilar tanques, ondear las banderas, volverse marabunta, porque no hay tiranía que dure mil años ni tampoco tiranos que puedan contener una marejada de rostros encendidos: la historia de un pueblo que camina. ::.

 
 
 

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