Droga en el altiplano
Editorial del periódico La Patria de Oruro
Seguramente muchas personas dirán que esta no es una novedad y tienen toda la razón del mundo, pues ya se sabía que el altiplano orureño servía de puente al tráfico de estupefacientes, especialmente esa droga que se elabora en algún sitio de nuestro país o que llega desde fronteras de vecinos para seguir viaje hacia el Norte o Europa.Eso era lo que se sabía aunque con algunas variantes sobre el comercio de droga en la frontera de Oruro y Chile, casi… casi a la vista de autoridades, lo que por supuesto llamaba la atención de quienes observaban impávidos los operativos no sólo de contrabando sino también del tráfico de drogas, caso de pasta base, cocaína procesada y ahora también marihuana.
Han sido varios los operativos de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn), se ha decomisado muchos kilos de pasta, varios bienes y movilidades y desbaratado algunas fábricas, muchos son los detenidos entre hombres y mujeres pero el negocio persiste y crece y lo peor es que ahora parte de esa droga se vende en el mercado abierto de la ciudad y en proximidad de establecimientos educativos, lo que se convierte en un peligro para nuestra juventud.
Las autoridades del organismo represor especializado en la lucha contra el narcotráfico pueden ser eficientes en el campo, donde se producen decomisos como los últimos 170 kilos en una localidad del altiplano orureño en territorio entre Oruro y Potosí, límite de los Qaqachakas, según se informó, pero lo que llama la atención es que se descubren fábricas donde se elabora la droga con técnicas sofisticadas como las que usan los colombianos. Es decir que se trata de actividad industrial de droga en nuestro territorio, que de algún modo escapa a la eficiencia policial porque ya son va-rías las factorías descubiertas.
Entre las tareas de la Felcn, más allá de ejercer control sobre las bandas de narcotraficantes, desbaratar algunas fábricas, decomisar droga e incinerarla está también la misión de hacer un riguroso seguimiento de cómplices que necesariamente existe en esta clase de negocio ilícito y peligroso que está tomando cuerpo, por lo que se denuncia, en la misma ciudad donde ahora hay un registro de distribuidores y por supuesto consumidores.
La responsabilidad de la Policía debe llegar a ese otro nivel, ese que preocupa a los padres de familia y que si no es liquidado cuanto antes su crecimiento puede complicar seriamente la seguridad y la salud de nuestros estudiantes, de momento librados a su suerte y sólo al cumplimiento de recomendaciones paternas y de sus maestros, empero los vendedores se dan modos para burlar la escasa vigilancia y conseguir mayor número de “clientes” que por supuesto son presa fácil de hábiles malentretenidos.
Hay que activar la conciencia ciudadana en todos sus niveles para enfrentar el comercio de drogas ilícitas entre los jóvenes. Policía en general, padres de familia, maestros y las instituciones departamentales tienen el deber junto a las autoridades de unir esfuerzos y disponer de una estrategia de prevención con los estudiantes y de erradicación del negocio ilegal, aplicando drásticas sanciones para sentar precedente en defensa de nuestro más preciado material humano, los jóvenes. Por lo demás la lucha de la Felcn debe seguir adelante con todo rigor.

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