Dos pláticas con el Caifán mayor
Mi relación con Saúl Hernández siempre ha sido intensa, aunque él no lo sepa. De esas relaciones íntimas que se establecen entre el artista y el público que se identifica con su obra. Empecé a interesarme en la poesía hace muchos años, gracias a las canciones de Caifanes. Sentía que había una verdad secreta detrás de aquellas palabras que sólo tenían sentido en el terreno de la poesía, de la metáfora, los intrincados terrenos del lenguaje donde la experiencia humana revienta en un torrencial aguacero de emociones desbordadas. Desde que tenía 13 o 14 años, las canciones de este tipo me han acompañado a lo largo de la vida. E inevitablemente siempre regreso a aquellas canciones melancólicas con las que me identificaba desde los corrosivos años de la adolescencia sin siquiera saber por qué. Quizá por eso no deja de sorprenderme la manera en que me siento justo igual que el autor de la Célula que explota, cuando le piden hablar de política. “Simplemente lo acepto”, dice con la resignación de quien está dispuesto a seguir viviendo en la plena consciencia del inmenso dolor que puebla el mundo. El arte será siempre el refugio de los doloridos seres que buscan aliviar sus dolores en el sublime acto de la creación. Será por eso que desde hace unas semanas me ha entrado una fiebre de escribir canciones.

.png)




Comments