Documentar esa extraña fantasía llamada realidad
Hastiado de realidad, de un tiempo a la fecha me ha dado por refugiarme en la ficción. Por eso había estado huyendo de los documentales y sus crudos retratos de lo real. Pero a veces pasa que la realidad resulta más fantástica que la ficción. Es el caso de dos documentales que acabo de ver y que me han dejado con mucho en qué pensar. El primero de ellos, El eco de la montaña, de Nicolás Echeverría, narra la historia del muralista wixárika Santos de la Torre, personaje que, a través de su obra revela la fascinante cosmogonía de la colorida etnia, famosa por su relación mágica con el peyote. Me cautivó la enorme sabiduría contenida en la cosmovisión wixarika, y la manera en que Santos expresa su vínculo sagrado con la naturaleza a través del bello mural que articula la historia.
La otra película es The Wolfpack, una inquietante película sobre un grupo de hermanos pertenecientes a una familia de inadaptados asentados en Nueva York, quienes convirtieron el cine en su principal vínculo con la realidad, tras permanecer 15 años encerrados en un estrecho departamento. De esas historias tan irreales que sólo pueden ocurrir en la más sórdida realidad.

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