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Desde la diferencia.

May 28, 2020
11 min read

Por: Marta Rodriguez Ortega.

Mi nombre es Marta Rodríguez, soy psicóloga de Huelva, España, formándome en psicoterapia gestalt, también soy sufí, perteneciente a la tariqa Naqshbandi. Hoy quiero hablarles de mi cosmovisión, forjada por el feminismo de la diferencia, el ecofeminismo y el Islam. A esta cosmovisión no he llegado a través de lecturas, ya sean sobre Islam o el feminismo, sino a través del camino de mi propia vida, mi experiencia, mi viaje en esta vida, en lo que llevo de ella.

Y es que para mi ha sido un viaje con muchas aventuras, que también ha implicado mi manera de entender y vivir mi género. Y es que yo de pequeña tenía un conflicto de identidad, deseaba intensamente ser un niño, y es aquí en esta herida de mi infancia donde comienza mi viaje de búsqueda de la verdad respecto a esta dualidad. Sí, yo era una niña muy “masculina” y siempre tenía muchos amigos hombres, recuerdo perfectamente aquel momento en el que le dije a mi mamá que quería ser un niño, porque veía a mi primo que todos le querían mucho, y a mi no me prestaban tanta atención, y en este momento mi deseo era muy intenso. Tenía 5 años. Ella me dijo: “¿por qué quieres ser un niño, si entonces no te puedes pintar los labios ni ponerte vestido?”. ¡Yo odiaba ponerme esos incómodos vestidos que se me veían las bragas¡, ¡odiaba pintarme los labios porque no podía hablar con esa cosa puesta en la boca!. Yo quería conducir coches como mi papá, e ir a trabajar, no quería quedarme en la casa como mi mamá…

Estudié psicología, gracias a Dios, y después de muchas aventuras, tras mucho trabajo interno psicológico, me doy cuenta de qué significaba realmente este deseo. Significaba querer romper los límites de lo convencional, deseo de aventura, de conocer nuevos mundos, romper barreras, aprender, conocer, ser independiente… pues yo era una niña con mucha energía, mucha fuerza, y también mucha energía masculina, claro que sí.

Yo no me convertí al Islam “porque sí”, Yo no invito a nadie a que siga una creencia porque otro se lo diga, sino a que busque y experimente en su propio cuerpo y en su propio corazón cual es la verdad, que es lo que le da paz. Yo llegué a este camino Islam tras una larga búsqueda y mucha rebeldía, y es que ciertamente siempre fui muy rebelde, y eso me llevó por por muchos buenos caminos, y por también por algunos malos. Tuve una época de rebeldía hacia el “sistema”, hacia este mundo, lleno de egoísmo, movido por el dinero, con tanta desigualdad, tanta injusticia, tanta pobreza, tanto dolor… un rechazo a la realidad muy fuerte, y en este momento también tenía mucha negatividad dentro de mí, era parte del camino. Tras tanta rebeldía y rechazo no podía seguir viviendo así, tenía que dar un paso hacia el amor, que comenzaba por la aceptación, aceptando el mundo tal como es, con tanta oscuridad, desigualdad y dolor.

Claro, en este gran paso hacia el amor comienza la espiritualidad, una búsqueda mayor, y también la conexión con la herida de separación, de deseo de volver al Origen del que todos venimos, el Amor. Aunque ya estaba en el camino sin ser consciente de ello.

El Islam significa para mi no sólo como dice la palabra literal, “paz”, sino, aprender a ser humano en este mundo recordando siempre que no somos de este mundo, que estamos aquí de paso y todos estamos volviendo, conscientemente o no al lugar de donde venimos, “Allah”, Dios, el Amor, o la muerte, como quieran llamarlo (quienes no se estén preparando para volver, sufrirán mucho en su muerte). Y es que parte de mi aprendizaje de vivir en este mundo, recordando que no soy de aquí, es no solo aceptar que soy mujer sino aprender a vivir como mujer con mis derechos y mis deberes. Y es que ser mujer es una maravilla, Alhamdulillah. No como muchas veces nos han inculcado, desde la sumisión, sino en nuestro poder, libertad y amor. El tema de ser mujer en este mundo es complejo, hablaré un poquito de esto.

Para mi, aprender a ser mujer significa ser dulce, ser amor, ser un apoyo, una columna, constancia, un templo, agua, canto, armonía, miel… Y es un complemento para mis aspectos masculinos, que son la fuerza, el primer impulso, el coraje, el apoyo, la firmeza, la independencia…. Y lo bonito es poder integrar dentro de uno estas dos energías, a nivel psicológico, siendo lo que se es, hombre o mujer, y conociendo cada uno su lugar, sea el que sea.

Esta es una de las críticas que algunas feministas hacen del ecofeminismo, la polarización del género. Y es que como dice la defensora del feminismo de la diferencia Victoria Sendón de León: “diferencia no significa desigualdad y lo contrario de la igualdad no es la diferencia, sino la desigualdad“. A mí, me parece obvio que hombres y mujeres no somos iguales. Nuestros cuerpos no son iguales, nuestras energías no son iguales, nuestros gustos no son iguales.

“No queríamos ser mujeres emancipadas. Queríamos ser mujeres libres porque sí, por derecho propio, y así íbamos viviendo todos los “simulacros” de la libertad, todas las osadías del atreverse, todas las explosiones de la dicha.

Victoria Sendón de León

Hombres y mujeres nos complementamos, nuestras energías se complementan. Y es que, ¿por qué no concebir al ser humano como uno que canaliza esas energías dentro de sí? Esta es una visión psicológica, la visión de le terapia gestalt, mi enfoque terapéutico, cuyo promotor principal fue, entre otros, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo, que hace una crítica al patriarcado muy acorde con mi visión. Y es que la salud consiste en integrar las dos energías, en tener lo masculino y lo femenino dentro de uno, independientemente del cuerpo que cada uno tenga. Independientemente de la orientación e identidad sexual. Salud es ser humanos equilibrados y en paz.

Las diferencias entre hombres y mujeres, se hacen obvias en el Islam. Ser diferentes no significa que las mujeres seamos menos, o que tengamos que someternos al hombre, o que ser homosexual sea pecado, pero sí es cierto que ocupamos un rol diferente. Por ejemplo, en el Islam, al rezar, las mujeres rezan detrás de los hombres, algunas mujeres interpretan esto como que son menos importantes, para mi esto no es algo negativo, simplemente lo siento como que tenemos menos responsabilidad en esto (Sé que puede sonar radical, y entiendo a lxs que interpretan esto como machismo y desigualdad, pues yo he hecho un proceso muy profundo de autoconocimiento y deconstrucción para llegar a esta visión. Lo más importante es que uno vaya conectando con su propia verdad, y se vaya abriendo a nuevas verdades). El Islam, pugna por vivir desde su diferencia siguiendo un Orden natural, esto no puede servirnos de pretexto para excluir, por ejemplo, si bien no está prohibido ser homosexual, sí es cierto que se recomienda no ir predicando la homosexualidad de uno, yo no estoy de acuerdo con esto, pienso que también hay que saber contextualizar la sabiduría del Islam, y que hoy en día lo más importante a defender es el respeto incondicional, el amor incondicional, la paz, y la aceptación y amor a lo que sea que cada uno manifieste, ¡Que cada uno sea lo que quiera, joder!.

Por esto, yo sinceramente no resueno con muchos de los feminismos hegemónicos de occidente. He conocido muchas feministas que predican su identificación con estas corrientes y algunas veces las percibo con ira y agresividad, un intento de defender los derechos de las mujeres desde la lucha, desde la rebeldía acrecentada, desde el odio, desde el rechazo a las realidades y contextos, desde actitudes colonialistas, desde el orgullo… Se que es necesaria la ira para empoderarnos, que sí, pero hay que ir más allá, no quedarse ahí… porque si una se queda en la ira, una vive en el sufrimiento, y porque el meollo del asunto es que el problema no es sólo social, sino psicológico… porque nacemos en esta cultura e integramos toda la estructura patriarcal, y el trabajo de desapendrer y deconstruir todo lo que nos han metido dentro es largo y hay que tener ganas. Por eso no me identifico con el feminismo de la igualdad, siento que no va a la raíz del asunto y se esfuerza por promover la igualdad dentro de la estructura social y política existente, muchas veces luchando por que las mujeres ocupen puestos de poder en los negocios, la industria y la política actual, cuando lo que hay que desmantelar es esta estructura falsa y dañina que, como bien apunta Chandra Mohanty, intensifica las desigualdades económicas, raciales y de género.

Y es que el desarrollo tecnológico occidental ha colonizado el mundo entero, y también nuestras mentes. Como dice la ecofeminista Vandana Shiva, “lo que recibe el nombre de desarrollo es un proceso de mal desarrollo, fuente de violencia contra la mujer y la naturaleza en todo el mundo (…) (el mal desarrollo) tiene sus raíces en los postulados patriarcales de homogeneidad, dominación y centralización que constituyen el fundamento de los modelos de pensamiento y estrategias de desarrollo dominantes”.

Y es que por nacer en esta cultura, integramos la estructura patriarcal dentro de nuestra psique y nuestro cuerpo. Y la neurosis de la sociedad. Y lo más leve que esto nos conlleva como individuos es que al meternos tantas ideas, nos deconectamos de nuestras NECESIDADES reales. Que comienzan por necesidades básicas y animales como comida y un techo, necesidades biológicas, y continúan por las necesidades de relación y de autorrealización, entre otras.

Porque la homofobia, las mujeres que sufren maltrato, los transexuales rechazados, y la gente que sufre en general, son sólo síntomas de un problema que realmente es más profundo, un problema cuya raiz llega a la base en la que está construida la civilización que conocemos, y en todas las ideas y preconceptos que tenemos de cómo es el mundo, cómo somos nosotros y cómo debemos vivir, cómo debemos relacionarnos, etc.

Y yo me pregunto, ¡mujeres!, ¿qué es lo que realmente queremos? ¿un trabajo en una gran empresa y ganar mucho dinero?, Yo desde luego no. Es obvio que también me hace ilusión trabajar, y tener mucho dinero, sí claro, y ser poderosa… pero también quiero tener tiempo no solo para trabajar sino para mi realización personal, tener hijos, un perro y cantar canciones en el campo con mi familia…

Para mí, el camino real de defender a las mujeres es, ir hacia el amor, que comienza por el amor hacia una misma, y continúa hacia los demás; y esta es la mayor rebeldía que se puede tener en este mundo patriarcal, el amor. Y es un paso que todos los seres humanos podemos dar, un paso hacia el amor, pero no muchos lo hacen porque es más difícil. En este sentido comparto la visión del psiquiatra chileno Claudio Naranjo sobre el patriarcado, como una predominancia de lo masculino que significa una desconexión del Ser y del Amor. Me parece fundamental esta perspectiva de Naranjo porque su visión es mas cercana a la ecofeminista y la del feminismo de la diferencia.

Es por esto que comulgo con el feminismo de la diferencia y sobre todo el ecofeminismo, porque están más cerca del amor, y de devolvernos a nuestra naturaleza esencial como mujeres y como seres humanos, que necesitamos a nuestra madre, la madre tierra, que es lo único que Dios nos dio para vivir. Y bueno, hay muchos tipos de ecofeminismo pero no voy a entrar ahí. Lo importante es reconocer que el problema no son ni los hombres ni las mujeres, sino las estructuras de poder del mundo, y las ideas que tenemos internalizadas hombres y mujeres. Estas son las estructuras de poder que el feminismo de la diferencia, el ecofeminismo y el Islam intentan desmantelar, cada uno con sus argumentos.

“El feminismo de la diferencia, plantea la igualdad entre mujeres y hombres, pero nunca la igualdad con los hombres porque eso implicaría aceptar el modelo. No queremos ser iguales si no se cuestiona el modelo social y cultural androcéntrico, pues entonces la igualdad significaría el triunfo definitivo del paradigma masculino”.

Victoria Sendón de León

El ecofeminismo intenta desmantelar la estructura defendiendo una vuelta a algo más esencial que es la naturaleza. Y esto implica la conexión con lo ancestral, la defensa de las culturas indígenas, la madre tierra. La reconexión con nuestros ciclos como mujeres.

El Islam desmantela el modelo predominante desde lo divino, promoviendo la vuelta a nuestra naturaleza esencial más profunda que es Dios. Con la lectura de El Corán uno va integrando otra estructura, otro modelo, un modelo que viene directo de La Divinidad, de lo Absoluto, de Allah.

Y esto es precisamente lo que me gusta del Islam, que es una religión, pero también una cultura, una cultura de la liberación (si se interpreta bien, que hoy día también hay gente que mata en nombre de El Corán, y es homofóbica en nombre el El Corán…). Pues buscamos vivir libres, pero libres de verdad, en el amor; no libres solo por rechazo a lo que no nos gusta y odio al sistema. Pero, pensar que podemos ser libres sólos es egocéntrico, y es mentira, siempre dependemos de algo, por eso en el Islam nos liberamos a través del sometimiento a algo mayor, nos sometemos a nuestro corazón, a nuestra luz interna, a Dios y nos libramos de todo lo de este mundo. Y así vivimos, libres y en paz; libres y felices; libres y autónomos; libres y unidos. Y para liberarse, uno tiene que empezar a tomar consciencia de que todas las estructuras y todas las ideas que nos han metido de este mundo son ilusión, son para distraernos de la verdad, y uno al leer El Corán, que es en un texto sagrado y muy fuerte, (La palabra de Allah directa), uno empieza a internalizar otras ideas, otra estructura que es real, hay un movimiento mayor de el espíritu.

Por eso en el Islam, recordamos 5 veces al día esta Realidad Mayor, para someternos a ella, y la recordamos según la posición del sol. ¿Puede haber algo más puro y liberador que someterse a los movimientos de los astros?. Uno comienza a relacionarse con la Luz del Sol, y esto ayuda a reconectar con nuestra luz interna, porque uno desarrolla una conexión con la luz, esto tiene obviamente efecto psicológico. También desarrollamos conexión con la Luna, que tiene otros efectos psicológicos, pero no voy a entrar ahí (existe mucha astrología en el Islam, y mucha Verdad).

Al fin y al cabo, buscamos la conexión con las cosas cosas bellas, que son las que realmente Dios nos dio, y que son las cosas por las que merece la pena vivir, cosas que  merecen más nuestra atención que un trabajo en una empresa grande y mucho dinero, cosas muy humanas, muy sencillas. Mi maestro sufí siempre recomienda que uno vaya a vivir en la naturaleza, y si se puede, ser autosustentable y plantar la propia comida. Porque si buscamos la libertad verdaderamente, pero seguimos trabajando en una gran empresa, regalando nuestro tiempo a otra persona, y esperando a que nos de de comer un empresario, nos estamos sometiendo de nuevo a algo un poco feo, y entonces… ¿qué libertad es esa?.

La libertad real es poder vivir en el amor, someterte a tu luz interior, aprender a escuchar a tu corazón, que tiene lenguaje propio, y seguir lo que te diga; no lo que te diga tu pensamiento. Y por qué no, si así lo sientes, conseguir tu propio alimento y que no dependas de que un jefe poderoso o un político corrupto te de dinero para eso. Y por eso mi visión es también ecofeminista, porque siento que el ser humano, para volver a su naturaleza esencial, primero tiene que aprender a escuchar a su corazón, claro está, pero también es importante reconocer la naturaleza que Dios nos dió. Yo apoyo mucho todo el movimiento de ecoaldeas autosustentables y comunidades autosustentables que hay hoy en día.

La Illaha Illa Allah… Allah es todo, Todo es Dios. Y Dios va más allá incluso de la verde naturaleza. Pero, bajando a lo más humano, ¿qué es lo que más necesitas en tu vida? Respirar. Un minuto sin respirar y te mueres. Y si no hay verde, si no hay naturaleza, no hay árboles, no puedes respirar y te mueres. Por eso en el Islam se dice que el verde es un color que tiene mucha baraka (energía divina), y quien se viste de verde Allah lo bendice. Y vivir en naturaleza nos hace vivir en la dulzura, en la unidad de la que venimos.

Y Ojallah todo el mundo pueda encontrar la paz dentro de sí, que es el camino para trascender todas las ideologías que nos separan.

Y que cada uno sea lo que quiera, y que dejen vivir en paz.

Y que la paz esté con todos ustedes.

Pueden conocer más del trabajo de Marta en:https://www.facebook.com/martapsinergiapsicologia/

 
 
 

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