Descartes y el método
La palabra “método” tiene una venerable tradición en filosofía. El origen etimológico es, como tantas veces, el griego, donde significa “el camino a seguir”. El método no son sino los pasos que tenemos que dar hacia algo. Cuando nos enfrentamos a una tarea medianamente compleja, sea cocinar algo o montar un mueble de Ikea o programar un aparato o aprender a tocar la bandurria, es importante contar con un método. Lo que los hombres aprendieron, y sobre todo los hombres europeos de hace unos cuatro siglos, fue que las cosas llevadas a cabo metódicamente pueden ser mas eficientes que las que se llevan a cabo al tuntún. Pensad, por ejemplo, dos problemas muy simples. ¿Cómo contarías los arboles que hay en un bosque? ¿Cómo contarías los pelos que hay en una cabeza?
Haz un ejercicio, antes de empezar. Pon en Google las palabras método para… y a ver que te ofrece el buscador….
Debemos a Descartes la insistencia en la importancia del método, y, con ello, el desarrollo del pensamiento científico en Occidente, así que vamos a explicar este autor.
La biografía de René Descartes es interesante. A pesar de haber tenido la oportunidad de estudiar en uno de los mejores colegios de Francia Descartes estaba insatisfecho con su formación intelectual, pues consistía básicamente en aprender de memoria comentarios de Aristóteles y otros maestros medievales, como Santo Tomás de Aquino. Cuando salió de la escuela y comenzó a ver mundo también vio que en la vida práctica era común que la gente tuviese como verdades cosas muy discutibles o incluso contradictorias. ¿Cómo era esto posible?

Descartes era, qué duda cabe, una persona brillante y con una inteligencia especial, pero a él le parecía que para pensar correctamente no hace falta ser un genio. Cualquier persona normal puede discurrir sensatamente aplicando algunas normas de sentido común, del mismo modo que cualquier persona excepcionalmente inteligente puede cometer errores garrafales. Al final, todo depende de si aplicamos o no ciertas reglas a nuestro racionamiento. La gran intuición de Descartes es que no hay que ser una persona excepcional para pensar bien; cualquier persona normal puede hacerlo si sabe cómo.
Esta idea cartesiana, la idea de que pensar bien consiste en aplicar ciertas reglas, es la base de la ciencia occidental como disciplina racionalista, y es la que subyace a la idea actual de enseñar a pensar a una máquina mediante algoritmos, que está revolucionando nuestro mundo. ¿Qué métodos siguen Google, Facebook, Twitter, Amazon o Netflix? ¿Cómo piensa ChatGPT? Date cuenta que estas compañías, que son las absolutas protagonistas de nuestra nueva sociedad, son básicamente un método de hacer algo. Por eso es de mucha importancia que reflexionemos, con Descartes, sobre el fondo de este concepto.
Pero no adelantemos acontecimientos. Decíamos que cualquiera puede pensar correctamente si sabe cómo. La cuestión, claro, es ese saber cómo. ¿Cuál es el método para pensar con propiedad? Descartes se inspiró en la matemática, el único saber de su tiempo que le parecía serio y avanzado. Le pareció que la claridad y el orden de la matemática, donde a partir de verdades evidentes y sencillas se va avanzando en el conocimiento , era aquello en lo que debía basarse la nueva forma de pensar. A partir de él, pensar racionalmente es pensar al modo de las matemáticas.

Descartes tomó como propia de su manera de pensar una de las reglas fundamentales del pensamiento matemático; la de no aceptar como verdadero nada de lo que quepa la mas mínima duda. La matemática no avanza a partir de opiniones discutibles, sino de verdades evidentes (que se llaman axiomas). Descartes pensó que su nueva filosofía debía también de partir de verdades evidentes como las de la matemática. El problema, claro está, es determinar qué es en realidad lo evidente, porque para algunas personas lo evidente es lo que para otras personas es dudoso. Así que Descartes se propuso ser radical. La duda se aplicaría a todo.
Para entender el fondo de la filosofía cartesiana y este papel de la duda imagínate que estas en mitad de alguna situación muy confusa en la que tienes que resolver algo. Imagínate que eres un detective que tiene que resolver un caso complicado. O imagínate que tienes que ordenar una casa o un trastero lleno de cacharros. La actitud cartesiana es algo así como; vamos a deshacernos de todo y vamos a comenzar desde el principio.
Pues bien; Descartes encontró cuatro argumentos para dudar de todo. El primero es que los sentidos nos engañan a veces, y eso les convierte en algo que no es de absoluta confianza. El segundo es que nos equivocamos a veces al razonar, y por eso hay que desconfiar también de nuestros argumentos y demostraciones. El tercero es que confundimos los sueños con la vigilia, y a veces creemos con la mayor convicción cosas falsas en los sueños. El cuarto, que no aparece en el texto que leeremos, es la posibilidad de que un “genio maligno” posea mi mente, de modo que aquello que me parece cierto no sea real.


Hay que entender que estos argumentos no son reales. Descartes no cree que estemos durmiendo, ni que estemos locos, ni que los sentidos nos engañen continuamente. Pero la mera posibilidad de que sea así introduce la duda, y un verdadero conocimiento debe ser algo indudable, algo mas allá de toda duda por mas descabellada que sea (y las que él propone son sin duda muy descabelladas) Esto significa que la duda cartesiana es una “duda metódica”, no una ” duda real”. La duda metódica pone a prueba la verdad de la misma forma que podríamos poner a prueba un edificio tirándole una bomba nuclear. Es como si Descartes dijese: por mas exagerada que sea la duda, mi verdad resiste todo.

¿Y cual es esta verdad? Descartes parece inspirarse en S. Agustín para encontrar su primera verdad incontrovertible; ” Pienso, luego existo” Lo que es absolutamente indudable es la existencia del sujeto que piensa , esto es, que razona, siente, quiere o duda. Lo contrario, es decir, afirmar algo así como “no pienso” es un absoluto sinsentido.
(Es curioso el significado de ese “Pienso, luego existo”. En cierto modo es una verdad tan evidente que parece trivial, pero si lo pensamos remite a ese momento de nuestra vida mental, probablemente en la primera infancia, en el que nos dimos cuenta de que pensábamos y existíamos, en el que nacimos a la conciencia y a la existencia. La vida de los seres humanos no es un mecanismo, sino un darte cuenta de que eres una conciencia pensante entre otras cosas, pensantes o no. Ese momento, que tal vez se dio delante de un espejo, tuvo que ser misterioso)

Una vez que Descartes sabe que es un ser que piensa, puede saber algo mas; si sabe que “Pienso, luego existo” es verdad, entonces es porque sabe qué es la verdad. Así que reflexiona cual es la esencia de la verdad y encuentra que esta no es otra que la evidencia. Lo que sabemos que es verdad es porque nos resulta incontrovertible, indudable y evidente a la conciencia. El significado de las cosas nos muestra su verdad. Por ejemplo, si se qué es pensar y se qué es existir concluyo que lo uno no se da sin lo otro, del mismo modo que si se lo que es un círculo y se que es la redondez concluyo que no hay círculo que no sea redondo.
La afirmación cartesiana de que la verdad es la evidencia, sin embargo, es controvertida. Puede compararse, por ejemplo, con la teoría clásica de la verdad, la de la verdad como correspondencia, según la cual algo es verdad si corresponde con algún hecho del mundo. Según dice esta teoría, por ejemplo, decir “el perro tiene un collar verde” es verdadero si, efectivamente, el perro tiene un collar verde. Esta teoría parece de cajón, pero para Descartes está vetada desde el momento en que suspendió su credulidad en los sentidos y hasta en la misma existencia de la realidad. Para Descartes la verdad es algo que conocemos antes de saber nada del mundo. Por eso tiene que ser una especie de intuición mental, y no una correspondencia con los hechos.
Esta creencia epistemológica de que la verdad es lo evidente no deja de ser problemática. No faltan ejemplos de ocasiones en las que algo nos ha sido evidente, y sin embargo ha resultado falso. Descartes parece introducir una buena carga de subjetividad en su filosofía, en la medida en que insiste que la última prueba de que algo es verdadero no es sino nuestra convicción. Y que duda cabe de que esto es positivo, y que Occidente se ha beneficiado en buena medida de esa idea de que hay que pensar por ti mismo. Pero en ocasiones no es suficiente. Como dijimos en la última clase, cuando tenemos dudas ontológicas, (como las cuatro dudas que plantea Descartes) nuestro primer recurso es acudir a los demás. Son los otros los que nos pueden confirmar si estamos soñando, si nuestros sentidos nos engañan, si estamos razonando mal… Claro que Descartes, al poner unas condiciones tan altas a su duda metódica, se había prohibido este recurso (al considerar que los demás pudiesen no existir realmente).
La salida de Descartes de ese callejón sin salida fue, como se verá, Dios. Como si al hombre aislado y abandonado a si mismo no le quedase mas recurso que la fe.
1/ Tenéis que hacer un cómic, una tira, un sketch, un tuit o algo humoristico relacionado con René Descartes.
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