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Derribar las fronteras

Oct 19, 2018
3 min read

A los más de 4,000 migrantes hondureñosque derribaron rejas y vallasen su éxodo por la supervivencia.

No hay rejas, muros ni vallas capaces de contener el temblor de la carne, esa estampida humana de quien ha dejado todo atrás para escapar del horror, la cotidiana crueldad de la sangre y la pobreza, un arduo peregrinar que es también la más digna lucha por la felicidad en todas sus formas.

¡Bienvenidos sean, hermanos hondureños!

Que su camino esté lleno de bendiciones.

Porque hoy ustedes los valerosos integrantes de la caravana migrante le han enseñado al mundo que la unión hace la fuerza, y que no hay muros capaces de detener la voluntad humana de quien ha decidido jugarse la propia vida para vivir, vivir y luchar en lugar de morir lentamente en ese mar de sangre y desesperación enclavado en lo profundo de la selva centroamericana.

¡Bienvenidos sean, hermanos migrantes!

Pues todavía hay mucho camino por andar en esta lucha terrestre contra el odio fraticida que quiere apoderarse del mundo, entre tanto facho propagando el exterminio, encerrados en su burbuja de miedo y paranoia, esa prisión mental donde anida la podredumbre, la envidia, la saña, esa ideología perversa que busca hacer del odio su bandera, esa ira imbécil que se extiende por las venas abiertas de este dolorido planeta donde las tribus afilan los cuchillos y los tambores, alistándose para la próxima gran guerra.

¡Así es hermanos!

Por eso hay que seguir recorriendo el mundo en esta búsqueda imposible del amor, hay que seguir marchando por miles y millones, derribando aquellas murallas que nos aíslan, hay que combatir la rabia asesina con el corazón inflamado y los sueños despiertos, ese espíritu incansable de quien no se detiene nunca a pesar de la adversidad, hay que acorralar a la miseria y seguir de frente, caminando juntos, para escribir el destino último de nuestra especie y nuestra raza latinoamericana en el jardín de los héroes, hay que seguir resistiendo en este éxodo suicida y es también necesario que otros sigamos su ejemplo en este tránsito indomable para escapar del hambre y la muerte, abrirse paso entre la infamia y la asfixia del calor, derrumbando el cerco policiaco con una lluvia de piedras, nadando o cruzando en balsa las turbias aguas del Suchiate, para reescribir la historia de nuestros pueblos: esta rebelión de quienes permanecen prisioneros, hacinados en países de cartón, donde el abuso, la muerte y la ruina son el pan de cada día.

Así fue su enorme hazaña, queridos hondureños, pues ustedes se han dado a la tarea de abrir las puertas que permanecían cerradas, así habrán de seguir su curso, derribando fronteras, hombres, niños y mujeres con sus hijos entre los brazos, incansables y fuertes, gente cansada de tanto caminar y caminar por los oscuros pabellones del infierno, gente que habrá de dejar el alma entre las penurias del hambre, en cada paso, cada herida, hasta completar esa larga agonía y alcanzar la anhelada paz en algún lugar frío y remoto, donde puedan trabajar y recomponer las averías del corazón, un país que sirva de refugio para tratar de aliviar la aflicción y la pena, esa amarga tristeza que se queda dentro al escapar de un hogar roto, un país roto, ese macabro rincón del alma donde sólo florece la sangre. ::.

Migrantes hondureños
Honduras 2
Honduras 3
Caravana migrante
Honduras 4
 
 
 

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