top of page

Deja que gobierne la tristeza

Aug 11, 2011
1 min read

Tengo el pecho colmado de ausencias y otras soledades, porque mi alma quedó atrás, perdida en la cañada, respirando plomo por los pies.

¿Qué será de este par de muñones que alguna vez fueron alas?

Es el momento de degradarme en la noche como sombra que desaparece en silencio, sobre las dunas, con un aire frío, esperando que la muerte se lleve lejos esta agonía y que mi sangre alimente la sed de olvido de este corazón lleno de humo negro.

Danzemos como dos locos dispuestos a vivir despellejados por no saber amar.

Hoja dulce de metal crispado, acaricia mis brazos con tu sueño carmín, te dejaré beber de este líquido negro, amargo néctar de la resurrección.

Siento como mis dientes se hunden en almas perfumadas de muerte y terciopelo, placer homicida.

Risa elocuente de tu inerte rastro, arranca la razón y el sentido de este mi nombre. Deja que sea la tristeza la que gobierne esta patria de desamores, deja que sea mi risa elocuente la que muera abrazada al inefable verbo del olvido.

Ven a mí, velo misterioso, y déjate puesta la máscara, vamos al sepulcro menguante donde yace mi lengua, deja que me desangre en piedra caliza, deja que germinen flores de lirio sobre mi gangrena, deja que el polvo transite del insomnio al subconsciente.

Quisiera dejar encendido el faro para cuando regreses, pero el cielo errante ha consumido el fuego fatuo del presente con el etéreo espejo de la memoria, para que te hagas espuma como las hienas, como los fantasmas taciturnos que deambulan de madrugada a través del silencio arborescente de la niebla.

 
 
 

Comments


bottom of page