De cuando el corazón echa raíces para pintar la eternidad
Por fin lo comprende mi corazón:escucho un canto,contemplo una flor.¡Ojalá no se marchiten!*
Nezahualcóyotl
Invisible como el viento,
escribo desde la humedad
del tiempo inexorable
para cantarle a las flores
que enmudecieron bajo el agua
y purificar mi sangre
en la espesa negrura del monte,
y quitarme las escamas
en el reflejo de la carne,
luna animal,
devoradora de hombres,
máscara de blanquecina sombra
donde se ocultan los misterios
de la muerte,
eres el pedernal donde se quema
la noche,
la lluvia que inunda mis ojos
mientras camino descalzo
por el sendero de los vivos,
ahora comprendo
la palabra sagrada:
el corazón verdadero
echará raíces
para elevar su canto al cielo
y pintar con su sueño tornasol
la eternidad.
::.
*Un poema que sirvió de inspiración para el presente texto. Los versos fueron extraídos de una bella antología del rey poeta de Tezcoco y una luminosa introducción del erudito Miguel León-Portilla, quien al respecto comenta: “Fortaleciendo el corazón, Nezahualcóyotl afirma haber descubierto el significado profundo de ‘flor y canto’, expresión náhuatl del arte y el símbolo, para poder acercarse gracias a él, desde tlaltipac (la tierra), a la realidad de ‘lo que está sobre nosotros y la región de los dioses y los muertos’”. [Miguel León Portilla. Nezahualcóyotl/Poesía. Instituto Mexiquense de Cultura. México, 2012. Quinta edición, página 25].

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