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Cónclave

May 29, 2025
3 min read

Basada en la novela homónima de Robert Harris de 2016, Cónclave arranca, como no podía ser de otra manera, con la muerte del papa. Tras este inesperado fallecimiento, el cardenal decano Thomas Lawrence (Ralph Fiennes) debe reunir al Colegio Cardenalicio para elegir al nuevo Sumo Pontífice en el ritual más solemne y secreto de la Iglesia Católica. Aunque es el designado para convocar a cardenales de todo el mundo y organizar el cónclave por el puesto que ostenta, en realidad a Lawrence es lo último que le apetece. Y es que precisamente le había pedido renunciar al papa unos días antes alegando dudas de fe. Este se lo había denegado una y otra vez. Quizá porque él mismo sospechaba que no le quedaba mucho tiempo y no era momento de cambiar a su segundo. En cualquier caso, tratará de guiar de forma lo más justa posible todo el proceso.

Sin embargo, cuando se cierran las puertas del Vaticano, el vacío de poder en esta poderosa institución religiosa desata una guerra de egos para tratar de imponerse y alcanzar el poder que amenazan a la estabilidad de la Iglesia Católica. Lawrence, que quiere conservar la línea “progresista” del fallecido, se ve atrapado entre varias facciones que intentan llamar su atención. Por un lado está el estadounidense liberal Bellini (Stanley Tucci), un cardenal de similar posición ideológica a la suya y que, a pesar de ser el candidato más firme, asegura no querer el puesto. En el extremo opuesto está el italiano Goffredo Tedesco (Sergio Castellitto), un tipo más reaccionario que añora las misas en latín y el formato medieval de la iglesia. Y además está el canadiense Joseph Tremblay (John Lithgow), de quien corren rumores de que la noche anterior el papa había exigido su renuncia. Sin embargo ahí está, actuando sibilinamente para desacreditar a sus rivales. El más perjudicado de sus tejemanejes es el nigeriano Adeyemi (Lucian Msamati), abanderado de los pobres. En medio de toda la intriga política aparece el cardenal mexicano Benítez (Carlos Diehz), con arquidiócesis en Bagdad y en Kabul, aunque no parece que su puesto sea conocido por todos los demás.

Cónclave se desarrolla como un thriller, cargado de dilemas políticos y religiosos, conspiraciones, y revelaciones que van saliendo a la luz con cuentagotas manteniendo el suspense. La historia se desarrolla en pasillos, escaleras y rincones oscuros; espacios de transición públicos y a la vez ocultos donde hay que hablar a media voz. El director Edward Berger saca partido a la la propia liturgia del ritual del proceso de elección de un nuevo Papa. No por el juego de ambiciones y poder que se desata, que también, sino por el espectáculo visual que se despliega. Esas estancias palaciegas, ese protocolo de sellado del apartamento papal, esas reuniones de los cardenales todos vestidos iguales… Hace un brillante uso expresivo del color y del movimiento grupal de forma muy similar a como lo hacía El cuento de la criada.

Cónclave tiene todos los elementos para ser una gran película, a saber, cuenta con una historia intrigante contada de manera sobria y elegante; un guion dinámico, ingenioso y con un afilado sentido del humor;  una magnífica puesta en escena con una recreación del ambiente vaticano hasta el mínimo detalle; y un elenco excepcional que hace un trabajo impecable, especialmente Ralph Fiennes como protagonista. No obstante, la película también tiene sus fallos. Lo que arranca como un drama pausado y contenido que va dosificando sus intrigas, de repente, hacia el último tercio, se boicotea a sí misma ofreciendo un extravagante y abrupto giro de guion que deja con cierta sensación de decepción.


 
 
 

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