CÓMO REFORMAR UNA CASA Y NO MORIR EN EL INTENTO: Fase II: Elaboración de Proyecto de Reforma y Tramitación
Siendo bien conscientes de que íbamos a tener que emprender una obra de buena envergadura para llevar la casa al siglo XXI, estaba claro que necesitábamos contratar a un arquitecto. Y la verdad es que es algo que facilita el desarrollo de la reforma, pues es un experto que te asesora sobre si tus ideas (qué daño han hecho los programas de reformas) son factibles o te has montado una película irrealizable; pero sobre todo porque dirige y coordina el proyecto tanto a nivel burocrático (permisos del ayuntamiento, planos…), como en la ejecución propiamente dicha supervisando desde el inicio hasta la conclusión (establece prioridades, se asegura del cumplimiento de las diferentes normativas, resuelve los problemas que vayan surgiendo (porque siempre hay alguna incidencia), se cerciora de que los materiales empleados sean los correctos…). En un momento de estrés, es una figura que te libera de mucho peso de tus hombros. Aunque eso no quita que tú hagas un seguimiento igualmente.
Pero comencemos por el principio. Previamente a comenzar con la planificación de la reforma el arquitecto realiza una vista para inspeccionar el inmueble y definir las líneas generales de los trabajos a acometer en función de la normativa municipal, de las posibilidades de la vivienda y de los intereses del cliente. Para ello, lleva a a cabo las mediciones oportunas y posteriormente levanta plano y realiza las modificaciones oportunas para plantear una propuesta de reforma al interesado.

Por ello es importante sentarse tranquilamente y pensar en la forma en que usamos los espacios, el tipo de vida que llevamos, los fallos o aciertos que hemos experimentado al residir en otras viviendas… En definitiva, trazar un plan en base a lo que tenemos y nuestras preferencias (número de estancias, dónde situarlas, tamaño, necesidades, gustos, ventanas, puertas…). Incluso es importante trabajar sobre el plano de las instalaciones y valorar dónde ubicar los enchufes, pulsadores, puntos de luz, grifería, sanitarios, radiadores…
Llegar al diseño final de la planta lleva su tiempo y muchas vueltas hasta que consigues dar con la tecla que una la combinación de lo que quieres con lo que puedes hacer y que además fluya el tráfico correctamente, que entre la luz en las zonas de día (salón, cocina, estudio…) y que no en las de noche (dormitorios)… Todo detalle es relevante (y si es con fotos, mejor: este tipo de azulejo, este tamaño de ducha, esta clase de ventana, este número de enchufes…), ya que, aunque luego haya que hacer modificaciones, cuanto más definido esté todo, más sencilla será la labor del arquitecto.
Por supuesto, es imprescindible establecer un presupuesto para, ya de inicio, saber hasta dónde podemos llegar o a qué tendremos que renunciar (también podemos decidir hacer algunas tareas nosotros mismos para abaratar costes – como desescombrar o pintar – o intentar aprovecharnos de liquidaciones, días sin IVA, fin de stock…).

Una vez que se ha cerrado un diseño, el arquitecto redacta el proyecto de reforma y lo presenta para ser visado en el Colegio de Arquitectos, donde habrá que abonar sus tasas correspondientes. Una vez visado deberá ser entregado, junto con la solicitud de licencia de obras, en el Área de Urbanismo del Ayuntamiento al que pertenezca el inmueble, donde además se habrán de abonar las tasas municipales correspondientes (que suelen oscilar entre el 2% y el 6% del Presupuesto de Ejecución Material, que no es otra cosa que la suma de los costes de cada material y mano de obra). También habrá que presentar una licencia de ocupación de la vía pública para poder ubicar tanto el contenedor como los andamios.
A partir de aquí, solo queda esperar a tener el visto bueno del ayuntamiento antes de pasar a la tercera fase.


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