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Cuando se hace difícil votar…

Jul 22, 2008
3 min read

Por Marcelo Ostria Trigo

Por Marcelo Ostria Trigo

A tres semanas del referendo revocatorio en Bolivia, que definirá la continuidad o no del presidente y el vicepresidente de la República y de ocho de los nueve prefectos de departamento, se plantean cuestiones peliagudas:

¿Es sensato votar con reglas absurdas e ilegales, sabiendo que el resultado puede desembocar en la negación de la mayoría? ¿Tendríamos, más bien, que abstenernos, dejando el campo libre al populismo que hace de este referendo una plataforma para el lanzamiento de esquema radical y autócrata?

¿Será que votar en el referendo equivaldrá a cohonestar el desembozado fraude electoral montado y del oficialismo, del que sólo asoma la punta del iceberg, pues se advierte el desenfrenado afán populista de perdurar en el gobierno, más allá de este período constitucional?

¿Vamos a ser parte de un ejercicio electoral que no resolverá ninguno de los problemas nacionales?

¿Estamos dispuestos a secundar el abandono de la regla de oro de la democracia: el predominio de la mayoría sobre las minorías? La ley, diseñada por el populismo, muestra fórmulas para favorecer sólo al presidente que, en hipótesis, puede seguir en el cargo aún perdiendo la mayoría, ya que, si los votos adversos llegan al 53.73 % y el presidente obtiene menos del 46.27%, igual se quedará, mientras que un prefecto de departamento podrá ser revocado con poco más del 32 % de los votos.

Lo que precede son algunas de las causas que desalientan a votar. No se trata de cumplir o no con un deber ciudadano, sino de preservar el derecho de conformar, libremente y sin fraude, una legítima mayoría que se imponga al engaño.

Hay un paralelismo -no es sorprendente- con lo sucedido en Venezuela. La oposición venezolana, presionada y vilipendiada por el chavismo, con la ingenua intención de “deslegitimar” los resultados viciados por el fraude “bolivariano” (¡cómo cuesta mencionar este apelativo, devaluado por un déspota!). El cinismo de Chávez prevaleció, y la abstención no contó para nada. Luego, en diciembre de 2007, la oposición votó, e hizo valer su condición de abanderada de la lucha democrática, imponiéndose al tiranuelo de Caracas y al fraude.

Pese a esta experiencia, muchos ciudadanos bolivianos -más de los que imaginamos- siguen en el dilema de votar o no, porque tienen la certeza de que sus votos serán equiparados a los del fraude gigantesco; es decir que serán igualmente válidos que los emitidos con cédulas de identidad falsas o adulteradas, -con la complicidad de una Corte Electoral Nacional sectaria- en muchos casos, con la fotografía de un  paisaje (¡sí de un paisaje, aunque sea difícil de creer!) en lugar de la imagen de un ciudadano, las que fueron extendidas por el oficialismo con asesoramiento y financiamiento venezolano. El fraude está montado, y con cuánto cinismo…

Algo más: ¿Será confiable la intervención secretaría general de la OEA que destacará una misión  de observación electoral para este acto? En un agudo artículo sobre esta misión, y sobre el secretario general de la OEA, se dice: “Insulza -hay que reiterarlo- está alineado con el populismo boliviano de Evo Morales…”. Y añade: “Habrá que recordar que Insulza, dominado por su irracional sectarismo,  justificó el antijurídico proyecto de constitución del MAS, sin leerlo, y se negó, en acuerdo con el populismo, a que la secretaría general de la OEA observe los referendos para la aprobación de los estatutos autonómicos”. (Sergio P. Luís. “Referendo revocatorio: La misión de observación electoral de la OEA”. La Paz, 16.07.2008). ¿Tiene esta conjura populista alcances internacionales?

Sea para bien o para mal, votaré por el “no” en el los casos del presidente y el vicepresidente, es decir para que vayan, y  por el “sí” en favor de los prefectos que luchan por la autonomía y la libertad.

 
 
 

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