Crónica de un huracán llamado ‘Manuel’
No sé por qué tendremos
esa extraña costumbre
de ponerle nombre de personas
a los huracanes.
Y habemos quienes tenemos
la extraña costumbre
de tener un huracán
en las entrañas,
y las ganas de ahogarlo todo
bajo el agua,
devastar caminos, puentes,
casas, desgajar cerros,
derrumbar el tiempo
en las hendiduras de la tempestad,
para que mis escombros
sean arrastrados por la corriente
de ríos improvisados entre calles
y pueda entonces
vomitar la furia y la tormenta
en el sosiego gris
de un mar silente.
::.

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