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Conclusiones de nuestro viaje a Azerbaiyán y Georgia

Oct 22, 2024
6 min read

Así como hay destinos que una tiene en su lista de futuribles, por contra hay otros que de primeras no se plantearía a la hora de hacer un viaje. Este último es el caso de Azerbaiyán y Georgia, países que casi ni sabía ubicar en el mapa o nombrar sus respectivas capitales.

Azerbaiyán es un país que ha estado vetado durante mucho tiempo al turismo debido a los conflictos con Armenia por el Nogorno – Karavag, sin embargo, si se evita esta zona y la frontera con Armenia, es un destino seguro. Este pequeño país que limita con Rusia, Georgia, el mar Caspio, la mencionada Armenia e Irán cuenta con una gran variedad de paisajes (y 9 de las 11 zonas climáticas), desde glaciares hasta áridos desiertos, pasando por las altas montañas del Cáucaso y zonas boscosas. Además, la mitad de los volcanes de lodo del planeta se encuentran en Azerbaiyán, en la zona de Gobustán, a 50 kilómetros al sur de Bakú.

Al encontrarse ubicado en el cruce de Europa y Asia, en la encrucijada de algunas vías de tránsito importantes a nivel internacional, como la Ruta de la Seda, Azerbaiyán destaca por su gran riqueza en patrimonio histórico y diversidad cultural. Tiene una amplia herencia que se remonta a tiempos prehistóricos conservados en la región del Gobustán y que incluye influencias persas (ideas culturales y religiosas), otomanas (lazos étnicos y lingüísticos) y rusas (por su pertenencia a la URSS), lo que hace que su cultura sea un mosaico de tradiciones.

Azerbaiyán es conocido desde épocas ancestrales como Tierra de Fuego. Y es que su historia está entrelazada con este elemento. Debido a su geología única, en ciertas áreas se pueden encontrar fuentes naturales de gas, lo que ha dado lugar a fenómenos únicos, como las llamas que emergen del suelo en Gobustán y YanarDag, sitios considerados sagrados desde tiempos antiguos, especialmente por los antiguos zoroastrianos, quienes veneraban el fuego. Este fenómeno ha influido en la cultura y la mitología del país, manteniéndose aún hoy en día esta conexión entre el fuego y la identidad azerbaiyana.

Con uno de los campos de petróleo más ricos del mundo, Azerbaiyán fue uno de los primeros países en experimentar la locura del oro negro a finales del siglo XIX. Este ha sido un motor fundamental del desarrollo el país, moldeando su economía, política y desarrollo social a lo largo de la historia. Este impacto se ve claramente en la capital.

Bakú es precisamente hoy la próspera urbe que es por la explotación de los pozos petrolíferos. Situada en la costa sur de la península de Absheron, la ciudad fue uno de los mayores centros petroleros de la antigua Unión Soviética. Los edificios de estilo art déco y modernista construidos entre finales del siglo XIX y principios del XX, las grandes construcciones de la época soviética (que no son tan brutalistas como en el norte) y las estructuras futuristas de la actualidad como las Flame Towers o el Centro Cultural Heydar Aliyev contrastan con un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, un laberinto de callejuelas estrechas y empedradas rodeadas de murallas del siglo XII. La capital de Azerbaiyán es un lugar ecléctico donde coexisten lo antiguo y lo nuevo. No obstante, más allá del casco histórico me pareció una ciudad que carece de personalidad, una de esas urbes modernas en las que no hay una planificación urbanística porque sus políticos piensan más en construir edificios llamativos que atraigan inversores y turistas que en lo que necesitan sus ciudadanos.

Sin embargo, esta muestra de poderío económico, este desarrollo de país del primer mundo, se esfuma en cuanto tomamos la carretera y salimos de la capital. El dinero del petróleo ha impactado notablemente en la modernización de Bakú, es evidente, pero en las afueras y más allá las recién estrenadas infraestructuras y los ondulantes edificios llenos de Led son sustituidos por deficientes carreteras y páramos plagados de bombas de extracción. Cuando tomamos el camino a Gobustán encontramos un Azerbaiyán rústico más cercano al Marruecos profundo que al Dubái de los rascacielos imposibles.

Por su parte, Georgia, o Sakartvelo como aparece en su Constitución, me dio una sensación de que el país no es tan desigual. Al menos no tuvimos esa sensación de tercermundismo una vez que salimos de la capital. En la excursión tuvimos la ocasión de visitar Uplistsikhe, un antiguo asentamiento excavado en roca situado en la región de Shida Kartli. Establecido alrededor del siglo VI a.C. y habitado hasta el siglo XIII, ha sido objeto de numerosas investigaciones arqueológicas y es considerado un importante patrimonio cultural, ya que ofrece una visión única de la vida en la antigüedad. Este sitio arqueológico es famoso por sus estructuras talladas en la roca. Incluye viviendas, almacenes, un teatro, un antiguo templo dedicado al culto solar, un sistema de agua y templos, todos conectados por una red de caminos.

Con origen en los antiguos reinos de Cólquida e Iberia, Georgia fue anexionada al Imperio Ruso a principios del XIX y tuvo un camino político similar al de Azerbaiyán. No obstante, desde su independencia ha reforzado sus lazos culturales, históricos y políticos con Europa, de hecho en la actualidad están trabajando para entrar en la UE.

Localizada en la costa del mar Negro,​ en el límite entre Europa Oriental y Asia Occidental, Georgia comparte fronteras con Rusia, Turquía, Armenia y Azerbaiyán, además de tener salida al Mar Negro. Destaca por ser un país principalmente montañoso con más de la tercera parte cubierta por espesos bosques. El clima moderado y el aire húmedo influenciado por el Mar Negro proporcionan las mejores condiciones para el cultivo de diferentes frutas y hortalizas, pero especialmente de las uvas (el país cuenta con hasta 500 variedades autóctonas). Georgia es una nación con una rica historia vitivinícola y donde la producción de vino es una parte integral de su identidad cultural. Según varios estudios arqueológicos se tiene constancia de la producción de vino en la zona ya a inicios del neolítico, hace más de 8.000 años. En las últimas décadas esta bebida georgiana ha ganado reconocimiento internacional y, aunque se mantienen las tradiciones en su elaboración, también se están explorando métodos modernos. Nosotros no somos mucho de vino, así que nos centramos en las cervezas.

La gastronomía georgiana es también muy diversa, fruto de su orografía y clima. Destacan platos típicos como el khachapuri (una especie de pan relleno de queso con múltiples versiones), el khinkali (similares a unos dumplings rellenos de carne y hechos al vapor), pkhali (aperitivo de vegetales picados (como espinacas o berenjenas) mezclados con nueces molidas, ajo y especias), lobio (un guiso de frijoles) o mtsvadi (brochetas de carne marinadas y asadas a la parrilla).

Aunque ha sido un cruce de caminos para diferentes culturas y religiones, Georgia fue una de las primeras naciones en adoptar el cristianismo como religión oficial en el siglo IV. La máxima expresión de su tradición cristiana se encuentra en Mtsjeta, una de las ciudades más antiguas de Georgia, capital del antiguo Reino de Iberia y sede de la Iglesia Ortodoxa georgiana. Patrimonio de la Humanidad desde 1994 debido a su rica historia y su arquitectura religiosa, alberga uno de los más importantes templos del país, la Catedral de Svetitskhoveli, del siglo XI, donde se dice que se encuentra la túnica santa de la crucifixión de Cristo.

La capital pasó a Tiflis en el siglo VI durante el reinado de rey Dachi I Ujarmeli, el sucesor de Vakhtang Gorgasali, quien la había fundado un siglo antes. Hoy en día en ella reside la tercera parte de la población del país. Lo bueno de no saber de antemano nada de la ciudad es que no esperábamos nada y la sorpresa fue mayor. A medio camino entre Europa y Asia, con influencia de diversas culturas y civilizaciones, incluyendo persas, romanos y otomanos, su paisaje urbano es una magnífica mezcla entre una ciudad medieval de calles empedradas y dominada por una fortaleza, con la de una soviética de grandes avenidas y que no para de crecer más allá de su centro histórico.

Su casco antiguo refleja la rica herencia cultural de Georgia. Es una de las zonas más bonitas de la ciudad donde podemos encontrar calles pintorescas con numerosas iglesias, casas de madera con balcones coloridos de estilo balcánico, los baños termales y una gran cantidad de cafeterías de ambiente relajado, bares bohemios, museos y galerías de arte. Tiflis podría pasar por una capital europea occidental más.

Paseando por la ciudad descubrimos que la historia y la modernidad se entrelazan, pues podemos encontrar tanto edificios antiguos y medievales como estructuras más actuales. Y es que en las últimas décadas, Tiflis ha experimentado un auge en su desarrollo urbano, con una clara revitalización de sus espacios públicos. Nuevas construcciones, cafeterías de moda y una vibrante vida nocturna han revitalizado la ciudad, haciendo de ella un lugar atractivo tanto para locales como para turistas.

Azerbaiyán y Georgia son dos países que a menudo pasan desapercibidos en comparación con otras partes de Europa y Asia. Sin embargo, ambos países tienen una rica historia que se remonta a miles de años, cultura diversa con influencias de diversas civilizaciones, paisajes impresionantes que merecen ser explorados y una gastronomía deliciosa. Es cierto que, si comparamos ambos países, me quedaría con Georgia, un destino que me ha dejado con ganas de más.

 
 
 

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