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Comer en Islandia

Jul 15, 2020
8 min read

Partimos de la premisa de que Islandia es cara y claro, la comida no iba a ser menos. Al alto nivel de vida del país, debemos añadir el factor isla, remota además, y encima con poco terreno cultivable. Así pues, no es de extrañar los precios que podemos encontrar. No obstante, sí que he de decir que mientras que los restaurantes sí que tienen unos precios realmente caros para el bolsillo español (un plato principal por 3000/4000 ISK), por contra en los supermercados podemos encontrar un poco de todo. Así que, que no cunda el pánico.

La firma más conocida de todas es el Bónus, con su cerdito rosa y su marca blanca Euroshopper. Es sin duda la más barata del país y cuenta con varios supermercados repartidos en todo el territorio, sobre todo en el oeste. No es que tenga mucha variedad de productos, pero hace el apaño.

Otro que también sale bien de precio es Krónan. Las tiendas son un poco más grandes que las de Bónus y tiene una mayor selección de carne y pescado frescos. También cuenta con más variedad en productos para gente con restricciones alimentarias (sin gluten, vegetarianos, veganos…). Su marca blanca es First price. Es quizá el que mejor relación calidad-variedad-precio tiene. Además, en algunos tienen un microondas a disposición de los clientes. El café también es más barato que en las gasolineras y por la mañana tienen bollería recién hecha.

Otro supermercado que encontramos en varias poblaciones fue Nettó, una empresa que comenzó en Akureyri y se expandió después por el país.  Sus marcas propias son: X-tra y Coop. Es más caro que Bónus, y con menos variedad que Krónan.

En Reikiavik vimos Iceland, que es un poco más cara, pero que tiene más o menos lo mismo que Bónus y Krónan y abre 24/7. 

A medida que nos alejamos de Reikiavik comenzamos a ver tiendas que empezaban con Samkaup (Samkaup Úrval y Samkaup Strax).

Pertenecen al grupo de Nettó, Krambúð y Kjörbúðin y no son tan baratas como las primeras mencionadas, pero aún no llegan a ser de las más caras. 

Después de dos semanas en el país podemos concluir que hay tres clases de precios. Por un lado, cercanos a los españoles tenemos productos como el arroz, sopas, la pasta, las pizzas…

Un poco más caros son las frutas, verduras y hortalizas, el pan de molde, los picoteos (dulces y salados), bebidas no alcohólicas y productos lácteos.  OJO con la leche, que suele ser fresca y hay que consumirla rápido o guardarla en frío.

En este grupo, algo caro, pero ciertamente asequible, estaba el famoso Skyr, un derivado lácteo que se considera y consume como un yogur, pero que en realidad es un queso fresco. Se elabora a partir de leche desnatada cuya temperatura se eleva hasta los 100°C para después reducir la misma hasta los 37°C e introducir una porción de skyr de manera de inocular bacterias como lactobacilos y otros que permiten la fermentación. El líquido resultante se elimina y da lugar a un producto sólido derivado de la fermentación láctea pero con un alto contenido proteico en comparación con un yogur tradicional.

Al tratarse de un producto fermentado es una buena fuente de probióticos, por lo que puede ser de mucha utilidad para optimizar la flora intestinal y así, mejorar el sistema inmunitario además del metabólico y digestivo. Mientras que es reducido en hidratos (menos de 5%) y muy pobre en grasas; supone un importante aporte de calcio. Si bien se consume como un yogur tiene un sabor suave pero más ácido y mayor consistencia, lo que lo hace además bastante saciante.

Para nosotros fue un descubrimiento y probamos de todas las marcas y sabores. Lo comíamos tanto en desayuno, como de postre en las comidas o incluso si nos daba hambre en medio de la ruta.

Los que más me gustaron fueron (además del de fresa y frutas del bosque) los de sabor a tarta de queso de fresa y de limón.

Y finalmente a precio islandés (es decir, muy caro) encontramos la carne, el pescado, el embutido, el pan francés, los huevos y el queso.

Además de los supermercados, las gasolineras (las pocas que hay) también nos pueden salvar la vida. Es cierto que, al igual que en España, los precios son más caros que en tienda, pero algunas cuentan con cafetería en la que además del café podemos encontrar algo rápido que llevar como sopas, ensaladas, perritos o hamburguesas. También helados. En grandes poblaciones no es raro que en vez de una pequeña cafetería tengan restaurante y ofrezcan platos más contundentes.

Ya había leído antes de viajar sobre los precios, así que, por si acaso, nos llevamos comida de España. Básicamente algunas conservas y platos preparados. No era el mejor plan nutritivamente hablando, pero había que encontrar un equilibrio entre presupuesto y alimentación saludable. Para los desayunos nos habíamos llevado té, azúcar y cacao soluble, así que allí compramos galletas, bollos, pan, mantequilla y mermelada. Con eso apañábamos las mañanas en las que no teníamos el desayuno incluido en la reserva del alojamiento.

Para el resto del día, dado que nos lo pasábamos en movimiento, no salíamos sin provisiones. Bueno, lógicamente al ir con las maletas en el coche, la comida iba siempre con nosotros. Pero cuando nos bajábamos, además de algo de picoteo, tanto salado como dulce, llevábamos siempre a mano el ya mencionado skyr, algo de fruta, pan de molde y alguna lata de conserva. El agua se podía conseguir en cualquier arroyo, lago, cascada… Es absurdo comprar agua embotellada en un país que la tiene tan pura.

Después, por la noche echábamos mano de las sopas de sobre y pasta para comer algo caliente. Lo completábamos con alguna lata de conserva o con skyr. Tan solo comimos fuera en Reikiavik, que probamos la sopa de cordero y marisco en un pan y aunque estaba rica, la verdad es que acabas comiendo pan mojado (ya que absorbe toda la sopa) con cuatro tropezones.

Normalmente en nuestros viajes solemos comprar cerveza local y probarla tranquilamente en el alojamiento en un momento de relax tras un día sin parar y mientras nos ponemos un poco al día con la familia y amigos o revisamos los planes para el día siguiente. En Islandia hay mucha cerveza artesana aprovechando que cuentan con una agua pura como pocas. Algunas marcas son Skjálfti, Móri, Egils, Víking o Thule y salen por unos 800/1000ISK. Aunque, ojo porque el alcohol que se vende en los supermercados no supera el 2,25%. Nosotros compramos varias marcas que vimos en un lineal y luego nos llevamos una desilusión porque aquello era cualquier cosa menos cerveza.

Después descubrimos que para mayor graduación alcohólica había que acudir a una tienda especializada (como ya nos ocurriera en Toronto). Las bebidas alcohólicas fueron prohibidas en 1915, aunque no mucho más tarde, en 1921 se permitió la comercialización de los vinos tintos y rosados tras la amenaza española de boicot al bacalao islandés (el lobby del vino ahí a tope siempre).

Después, con el tiempo se fueron admitiendo otros tipos de alcohol, no así la cerveza, que se asociaba con los daneses. Hubo que esperar hasta 1989 para que se levantara la prohibición. Aún así, como digo, la venta queda restringida a tiendas con licencia específica, y claro, el precio es caro. Un buen consejo es comprar las bebidas alcohólicas (aunque tampoco pasa nada por omitir el alcohol en cualquier caso) nada más llegar al aeropuerto en el duty free, algo que hacen los propios islandeses.

De Víking probamos la de supermercado, que como digo no sabe mucho a cerveza, ni siquiera a clara; la Gylltur, que es la versión normal y no estaba mal del todo; la Sterkr, que es una lager con un poco más de cuerpo; y la Rökkr, que es una medio negra.

De Gull probamos la Lite, una lager al estilo muniqués que también se acerca a una clara.

Y de Einstök elegimos la White Ale, que es la original, y la Artic Berry Ale, un invento rarísimo de estos que sacan por temporadas y lleva frutos rojos. Cualquier cosa menos cerveza.

Volviendo a la comida, obviamente los islandeses no siguen esta dieta de mochilero. Son muy cafeteros y hacen una comida ligera y después una cena algo más contundente. Hablemos un poco de su desconocida gastronomía.

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En primer lugar, teniendo en cuenta que Islandia es una isla, no es de extrañar que el pescado (y el marisco) sea el plato más frecuente. Por supuesto, el más destacado es el reputado bacalao islandés (cuyas recetas son tan populares en la cocina del País Vasco). También es típicamente islandesa la trucha ártica que se pesca en el norte del país y se toma tanto marinada como ahumada o asada. Asimismo es frecuente encontrar salmón y arenques.

Una de las formas más comunes en que encontramos el pescado fue seco. Conocido como Harðfiskur, se come como picoteo sin más, o con un poco de mantequilla por encima. También vimos mucho el Plokkfiskur un guiso de pescado hervido acompañado con patatas y cebollas cocidas.

Y luego están los platos con ballena o el tiburón fermentado. Entiendo que cuando hay hambre y tienes pocos recursos haya que buscarse las castañas, pero tanto como para llegar a comerse el tiburón así… El olor en sí mismo ya tira para atrás, así que ni siquiera me arriesgué a probarlo. Este manjar vikingo es seguramente el producto gastronómico estrella de Islandia, pero no es apto para todo tipo de paladares (ni de narices), y es que huele mal y parece saber peor. La carne de tiburón se fermenta durante semanas para que desaparezcan las toxinas venenosas. Después se moja en alcohol y la dejan secar fuera.

Por cierto, se suele acompañar con el Íslenskt Brennivín, también conocido como “muerte negra”. Se sirve congelado porque es tan fuerte que hace hervir el hielo. La combinación del tiburón fermentado con este brevaje alcohólico debe ser mortal, sí.

Otra bebida peculiar es el aceite de hígado de bacalao, fuente rica de ácidos grasos omega-3 y de vitaminas A, D y E . Lo encontramos en uno de nuestros alojamientos en el buffet de desayuno, junto a los zumos.

En cuanto a la carne, el animal por excelencia es el cordero, que se aprovecha casi entero. Por ejemplo, un plato tradicional es el Svið (cabeza de oveja hervida y servida acompañada de puré y nabos). Se podría comparar su presencia en la gastronomía islandesa como el cerdo en la española. Cuando hay necesidad, se intenta rentabilizar al máximo. Es una carne magra gracias a que el animal pasta libre durante todo el año.

Una de las recetas más populares es comerlo ahumado (hangikjöt), aunque también se hacen sopas (Kjötsúpa) o los perritos calientes (pulsa/pylsa). Estos últimos se hicieron populares durante la Guerra Fría como consecuencia de la presencia estadounidense en el país. Se suelen acompañar con cebolla frita y cruda, salsa remoulade (de mostaza blanca y mayonesa), ketchup y mostaza.

Además, también se comen a los frailecillos. De nuevo una adaptación al medio, igual que nosotros con conejos y liebres.

En cuanto a los vegetales y hortalizas, aunque no existe mucha tierra cultivable, gracias a la energía geotérmica, hay numerosas granjas con invernadero.

Como acompañamiento de los platos principales los islandeses comen el Rúgbrauð, un pan de centeno que se hace cocido o al vapor en un recipiente de madera. Tradicionalmente se aprovechaba el calor de una fuente geotérmica. Se caracteriza por ser oscuro, un poco dulce, sin corteza y muy denso, tanto que lo llaman þrumari (pan de los truenos) por los gases que provoca . Es como el pan de pueblo, que dura bastante tiempo. Además, en su vertiente seca se usa para hacer una especie de porridge y para la hacer la brauðsúpa (sopa de pan acompañada con uvas pasas).

Si hablamos de postre, el producto estrella es el ya mencionado Skyr, que se suele acompañar con mermelada, fruta o nata. Aunque son muy golosos y encontramos muchas pastelerías y supermercados con pasillos bien surtidos de chocolate.

En las chuches destacan las lakris, gominolas de regaliz saladas.

En Islandia lo que no hay es muchas multinacionales de Fast Food. En cualquier caso, opciones para comer, hay. Todo depende de los gustos y presupuestos de cada uno. Si se está acostumbrado a hacer todas las comidas en restaurantes, en Islandia se te va un pico. Sin embargo, si se suele viajar como nosotros en un plan más mochilero, el bolsillo no lo sufre tanto (nosotros acabamos pagando 300,73€).

 
 
 

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