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CHESTER CHEETOS, HASTA NUNCA Y GRACIAS POR NADA

Mar 30, 2020
3 min read
Ájax

Una gran reforma (léase rapidito, sin respirar y al terminar siéntase aliviado) a la Norma Oficial Mexicana –OM-051-SCFI/SSA1-2010 Especificaciones generales de etiquetado para alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasados-información comercial y sanitaria, ha ocurrido.

Esta reforma es importante porque en su numeral 4.1.5 indica que cuando un producto preenvasado cuente con uno o más sellos de advertencia o la leyenda de edulcorante no deben incluir etiquetado con personajes infantiles, animaciones, dibujos animados, celebridades deportistas o mascotas, elementos interactivos, tales como, juegos visuales, espaciales o descargas digitales, que, estando dirigidos a niños, INCITEN, PROMUEVEN O FOMENTEN EL CONSUMO, compra o elección de productos con exceso de nutrimentos críticos o con edulcorantes. El tipo de sellos de advertencia corresponde a exceso de calorías, azúcares, grasas saturadas, grasas trans y exceso de sodio. Lo que significa, efectivamente la muerte anunciada de Chester Chetos, ya que, de acuerdo con la norma, el exceso de calorías se constituye cuando por cada 100 g de producto tienes igual o más de 275 kilocalorías, y puesto que los Cheetos tienen 487 kcal/100 g, es inminente su desaparición.

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Peeeeero… la verdadera trascendencia de esta reforma no radica en acabar con monigotitos, sino en el eco ético que tiene. Me refiero directamente al ejercicio de la libertad plasmado en las decisiones de cada uno y el consumo responsable. Establece, Raúl Gutiérrez Sáenz en su obra Introducción a la Ética, una jerarquía de 6 criterios de conducta, estableciendo que el primero es el más alejado del libre albedrío y la conciencia del ser, relación que va disminuyendo progresivamente criterio tras criterio. A saber, son los siguientes: 1. El placer y los instintos; 2. las normas inconscientes del Super Yo; 3. La Presión Social; 4. Las normas morales y civiles; 5 Los valores apreciados por sí mismo; y, 6. El Yo Profundo. Aunque me encantaría entrar en una conversación sobre los 6 criterios, desgraciadamente no será así en esta ocasión. Nos vamos a enfocar en El Placer y Los Instintos, y Las Normas Inconscientes del Super Yo.

El consumo de los productos que encaja con la descripción desarrollada al principio surge, principalmente, bajo dos escenarios: 1. El niño ve una envoltura atractiva que relaciona con algún tipo de mercadotecnia más compleja vista en cualquier otro medio de difusión y exige el producto, no por lo que es (que le guste termina siendo una “feliz coincidencia”) sino porque apela precisamente a sensaciones agradables que el empaque provoca en el pequeñín; y la 2. Porque el guardián del menor hace una negociación de una buena conducta a cambio de que el menor obtenga el producto de su mayor agrado. En este último escenario bailan entrelazados los dos criterios de conducta “si me porto bien, me compran esa madre que tanto me gusta”. Desgraciadamente, estos escenarios son tan repetidos en la vida del menor que se interiorizan intensamente. En el mejor de los escenarios por mera nostalgia cuando seas mayor compres aquel producto que te daban porque te encantaba el monito o porque te portabas bien, pero lo más probable es que lo sigas haciendo por el simple hecho de que un día lo empezaste hacer y nunca te detuviste.

Por lo tanto, el hecho de que una reforma jurídica sea enfática en limitar la incitación al consumo respecto a productos dañinos a la salud y, ¿a la salud de quién?, de los menores quienes están desarrollando apenas un sistema de toma de decisiones y quienes sus órganos no han madurado lo suficiente para tolerar cierta cantidad de sustancias, abre la posibilidad de pensar que quizá esto repercuta en su psique, y cuando sean adultos logren plena conciencia respecto a lo que consumen y no sean aquellos que, con total conocimiento de un cáncer de pulmón, cirrosis o alguno de muchos males provocados por el consumo irresponsable, siguen ingiriéndolos. Esta reforma, aunque su aplicación será un proceso lento, de acuerdo con los transitorios, sin duda, es una victoria para la mujer y el hombre libre del futuro. Además, no necesitamos que un elefante remedo de Indiana Jones, o un Tigre con problemas de adicción al azúcar, nos digan cómo y qué ser en esta vida. Mi futura diabetes no les merece ninguna nostalgia ni respeto.

 
 
 

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