CASI IGNORADO, ADAM SANDLER LOGRA EL BUEN CINE
Hasta hace 24 horas, debo admitir, el trabajo del cómico estadounidense Adam Sandler me trituraba el estómago. Digo, exceptuando un par de filmes, su trascendencia cinematográfica me era sosa y perturbadora toda vez que su encasillado humor enlatado y tramas predecibles, escupían en la inteligencia.
Pero creo en el renacer y las nuevas oportunidades. Tragando duro, digo sí, su reciente trabajo en colaboración con los hermanos Benny y Josh Safdie, me ha fascinado.
Tras una desaparición de la pantalla grande secular, luego de haber encontrado un espacio sin censura como lo es Netflix, Sandler ha optado por una crudeza vibrante, en la cual temas como el racismo, clasicismo, misoginia y la violencia del pueblo gringo, hacen su aparición en intento de reivindicación, puesto tras ser miembro de la comunidad judía y haber utilizado un humor muy vendible en el pasado, “Uncut Gems” o “Diamantes en bruto” (traducción al español) llega con sabor ácido.

Su interpretación no sale del catálogo en que ya se tiene a Adam, sin embargo, se le ve más liviano a la hora de encarnar la adicción a las apuestas, el adulterio y, por supuesto, al poder.
Relatando la historia de un apostador empedernido dueño de una joyería en la Gran Manzana, el anti-héroe y padre de familia Howard Ratner (Sandler) adquiere de contrabando una piedra única emanada de minas africanas dónde se ha asentado una comunidad judía etíope.
Creyendo que la reciente adquisición es el negocio de su vida (y a costa de sus deudas de miles de dólares) Ratner emprende una travesía envuelta en codicia, donde sus habilidades como negociante y ambicioso jugador, lo llevan a quebrarse hasta el punto de emanar asco, dolor y la mayor mediocridad nacida del libre mercado.
El hombre se devora a sí mismo y el dinero nunca compra vida. Casi excelente, no es una película palomera.
Fósforo III

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