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Cardumen de obsolescencia

Mar 23, 2013
1 min read

Cardumen de obsolescencia,

manos que lo envuelven todo,

rotonda de las bestias adornadas con satín,

muros de agua

resquebrajándose entre las uñas,

mi vocación es degradar la memoria

en la penumbra,

llegar siempre tarde

a cualquier instante.

Vacío de sentido, curtido en soledad

cercado por un dolor remoto,

soy una marejada de culpas sin razón

inhibidor de la risa temprana

articulador de causas perdidas

manifiesto de un amor discapacitado

con los miembros recogidos

y el espinazo curvo

bosquejo de miradas ausentes

y distantes

se estrellan en mi abyecto

deseo de morder y hacer daño,

para beberme tu sangre caliente

tras la mortal estocada.

Observo mi reflejo en palabras quietas

y me pregunto si acaso

no me habré convertido en un farsante,

un embustero que disfraza su vanidad

en los harapos de la fe,

payaso de ocasión marcado

por el desencanto y la traición,

buscando la salida de emergencia

mientras ruedan las piedras

en el acantilado,

el cenit esconde sus secretos

en el horizonte,

la medianoche es un cuchillo

que corta por dentro.

Escribiré una elegía para eludir a mis captores

escribiré para aferrarme a la vida

y maniatar a la muerte que pretende seducirme

con su voz de uva fermentada.

Brota la ternura de un bosque pétreo

de luz artificial

para recordar que el amor florece en la tiniebla

anhelos infantiles que se bastan a sí mismos

para modelar su felicidad en las yemas de un árbol,

arar los campos con la firme convicción

de que el aire que respiro está aún por nacer,

cobijado de esperanza,

contracción boreal que emana de mis ojos

para inundar el alma.

::.

 
 
 

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