Calidez
Extraña la sinfonía de la muerte que me bebo a hurtadillas y deshoras, la misma consciencia de muerte que me hace sentirme tan vivo.
No es que ahora calle para siempre, simplemente ahora digo todo aquello que el silencio no pudo más, del mismo modo que una botella de vino se rompe, tan ruidosa, sobre el suelo.
Pertenecemos a mundos distintos, distantes, amor, mundos remotos acuchillados por la absurda ansiedad de una caricia, una quimera, como barcos que naufragan en la inmensidad del vasto universo.
Mi lengua sigue caliente, florida, como uno de tantos exabruptos de mi alma, la sangre sigue tibia, anhelando la tierra prohibida. En esta melancolía con sabor a encrucijada los sapos cantan en la charca, croan las damas, tan trémulas, de nostalgia y desamor, cantan bajo la lluvia de la tarde enamorada que trepa y se nos cuela tan adentro.
Que vivan las horas inciertas del infortunio, que viva la aurora caída desde el cielo, que vivan los minutos de mi lengua sobre tu lengua, el corazón que vocifera y despotrica poemas delirantes sin pudor, al calor del instante. ::.

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