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Buscar el equilibrio entre la virtud y el vicio

Jun 29, 2015
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Hasta la compasión puede convertirse en enfermedad. Cristo pagó su patología en la cruz. Todo exceso y toda carencia provocan desajustes en el equilibrio del ser. El amor en exceso mata, del mismo modo que el exceso de agua puede ahogar a una planta. La comida puede convertirse en veneno cuando se vuelve adicción, lo mismo que las medicinas, diseñadas para curar. Del otro lado, el vicio en dosis correctas resulta siempre liberador: por eso la gente consume alcohol, drogas, pornografía, literatura y un largo etcétera. Pero el alma no se puede medir en términos cuantitativos. No existe modo de saber con precisión cuánto necesitamos de cada cosa. Y es en esos momentos en que uno debe abandonarse a la incertidumbre, dejarse guiar por el instinto cuya naturaleza es buscar siempre el equilibrio que no existe. Hallar nuestro propio centro es encontrar la medida de todas las cosas, poner atención en aquello que nos agrada y nos repugna, entender el por qué hay cosas que nos gustan y otras que nos provocan malestar. El equilibrio es eso: hallar cada quien nuestro centro para convivir de manera armónica con un mundo en busca de su propio equilibrio.

Por eso dice Nietzsche que el origen de la tragedia en occidente se remonta a la tensión entre Apolo y Dionisio, la virtud y el vicio.

Por eso dice Nietzsche que el origen de la tragedia en occidente se remonta a la tensión entre Apolo y Dionisio, la virtud y el vicio.

 
 
 

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