Bombastik, Fox in a box
Para el mes de junio dejamos de lado las salas de escape para probar algo diferente, aunque tampoco nos salimos del circuito. Y es que Fox in a box, empresa en la que ya habíamos probado suerte en Búnker y Asesino del Zodiaco (además de en El estudio secreto del Sr. Fox en Sarajevo), anunció el estreno de una nueva sala pero que no era de escapismo. Bautizado como Bombastik, se trata de un juego inmersivo en el que el equipo se sumerge en un videojuego arcade a escala real en el que verá desafiado cuerpo y mente. Tendrá que poner a prueba sus habilidades para desactivar una bomba y salir victorioso. Y no es tan sencillo.
Cuando nuestro líder de equipo nos propuso Bombastik en lugar de un escape, nos sonó bien, pues cada vez es más complicado encontrar un plan que nos sorprenda. Como además llega el verano y será más difícil cuadrar agendas, nos pareció una buena manera de despedir la temporada. Así que reservamos y allí nos plantamos un sábado tarde.
Nada más llegar nos preguntaron nuestros datos y nos dieron una pulsera a cada uno para el desarrollo del juego. Tras una breve espera nos condujeron al inicio de la partida donde nos dieron unos monos de plástico y unas calzas y nos explicaron la dinámica. Y esta era muy sencilla: debíamos intentar superar cada una de las salas de la mejor manera posible ya que cuanto más certeros fuéramos, más tiempo acumularíamos para desactivar la bomba en la sala final. Y allá que entramos, con ganas de descubrir lo que nos tenían que ofrecer.
La experiencia es muy divertida, pero también extenuante. Con diez minutos para cada sala, íbamos frenéticos intentando resolver las pruebas lo antes posible para ganar minutos, tal y como nos habían indicado. En la primera de ellas nos costó una ronda pillar el ritmo, sobre todo porque estábamos preocupados precisamente por el tiempo y teníamos seis pantallas con diversas pruebas a las que prestar atención. No obstante, pronto nos repartimos las tareas y pillamos una buena dinámica para ir resolviendo todos a la vez. A pesar de ser una sala poco física a priori, acabamos frenéticos y muy dentro de la partida.

En la siguiente sala teníamos que esquivar láseres, y aquí tuvimos que coordinarnos para que ninguno de los seis estuviera en el lugar equivocado. No fue fácil y cometimos varios fallos que nos restaron tiempo, pero aún así conseguimos sumar algo más para nuestra sala final. Para cuando acabaron los diez minutos y tuvimos que avanzar al siguiente juego estábamos todos sudando. Poca broma.
El siguiente reto al que nos enfrentamos por suerte fue algo más estático. Aunque de nuevo requiere de toda la atención y colaboración de todos los miembros del equipo. No paramos durante los diez minutos y nos divertimos mucho tirando bolazos.
La cuarta sala fue quizás la que más se nos atravesó. Es el clásico juego en el que el suelo es lava y tienes que ir saltando de plataforma en plataforma evitando bombas y ataques de marcianitos. De nuevo es frenético y, siendo seis, antes de movernos teníamos que comprobar quién teníamos a nuestro alrededor y cómo iba a ser su movimiento para no acabar varios en un mismo espacio en el que sería imposible caber y por tanto acabaríamos cayendo. Fue divertido, pero también estresante y agotador físicamente.
El último juego era una especie de comecocos térmico. Aunque también era movido, en realidad lo que exigía era observación y coordinación. Aunque también cometimos algún fallo, conseguimos engordar nuestra bolsa de tiempo.

Y finalmente, con 4 minutos 59 segundos, llegamos a la sala final dispuestos a enfrentarnos a la bomba. En esta última prueba estuvimos muy centrados y coordinados. No obstante, pese a todo, nos faltaron unos 30 segundos (o haber sido más rápidos en la resolución de las pruebas en esta sala) para haberla desactivado. Una pena.
Pese a nuestro fracaso, salimos muy contentos con la aventura. Eso sí, exhaustos y hambrientos, así que nos fuimos a buscar sitio para cenar y seguir comentando la jugada. Una experiencia muy recomendable.

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