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Bolivia y Zimbawe, Mugabe y Morales

Jul 22, 2008
4 min read

Por Roberto Camacho Salinas

En la historia de los países suelen darse coincidencias asombrosas, ese el caso de Bolivia y

Zimbawe. Cual hermanos gemelos estos dos países presentan rasgos asombrosamente similares a pesar de encontrarse en dos continentes separados por un océano. No se trata únicamente de la mediterraneidad compartida o de las riquezas naturales en común, sobre todo la minera y agrícola, o de los colores de sus respectivas banderas o del color de sus gobernantes, es algo mucho más profundo y determinante: es su socialismo atávico, que de la mano de Robert Mugabe y Evo Morales, sus dos caudillos mesiánicos, conduce a las sociedades al desastre.

Zimbawe es hoy uno de los países más pobres del mundo. No solamente ocupa el puesto 151 en el Índice de Desarrollo Humano y tiene el récord de inflación: 100 580 % anual, sino que ha conseguido tras dos décadas de socialismo destruir toda la estructura económica y productiva con las devastadoras consecuencias que ello conlleva. Este logro es enteramente atribuible al presidente-dictador Robert Mugabe que gobierna a ese país desde 1987. Cuando asume el poder, Mugabe, anuncia medidas para sacar del juego político a la minoría blanca negándoles la posibilidad de ser elegidos, una señal de los tiempos relativistas, donde el racismo es sólo una cuestión de fuerza y dominio; será sin embargo la reforma agraria que en la práctica fue la expropiación lisa y llana de las propiedades agrícolas en poder de los blancos a través de la violencia y el cohecho y su posterior readjudicación a familiares o partidarios del ZANU (partido de gobierno), la que desencadenara la actual crisis económica que pronto devendrá en una crisis alimentaria. Hoy la antigua Rhodesia que en algún momento de su historia fue un ejemplo de integración racial y convivencia pacífica además de ser una promesa económica, quizás el único país del África subsahariana que tenía al 90,7% de su población alfabetizada, es un país donde el odio racial; la violencia cotidiana, la violación a las vírgenes es recomendada por hechiceros como una forma de curar el Sida; la escasez de combustibles y alimentos, el precio del litro de gasolina es de 15$; el agua potable y la electricidad sólo están disponibles esporádicamente y los hospitales no tienen suministros médicos; el desempleo, la migración (se estima que un millón de Ndebeles, la segunda etnia en importancia, ha huido a Sudáfrica en busca de mejoría económica); la baja expectativa de vida, 39 años y la inestabilidad y violencia política se han hecho tan habituales que son casi una forma de vida hecha cultura. Bolivia sigue fielmente el ejemplo de Zimbawe. No es en la Cuba castrista, la Venezuela socialista o la China comunista donde se tiene que buscar a los mentores del actual modelo masista. Estos países, salvo la retórica gubernamental, guardan sustanciales diferencias tanto en su estructura económica como en su dinámica sociopolítica con el país, incluso el liderazgo político a pesar de sus afanes caudillistas no tiene parangón con Castro o Chávez, es en Zimbawe y en Mugabe donde debemos buscar las claves de la actual situación de Bolivia, su futuro y sus peligros. Desde la implementación del modelo indígeno-socialista el año 2006, Bolivia a diferencia de la mayoría de los países de la región ha detenido su desarrollo en el mejor de los casos o ha retrocedido en el peor. Que el país es pobre de solemnidad y desde siempre es una verdad de Perogrullo, sin embargo y a pesar del equivocado saber popular, durante las dos últimas décadas logró transformar sus condiciones negativas en positivas y ello a pesar del desfavorable contexto mundial. La inversión externa movilizó la economía e impulsó a la cultura del trabajo, el ahorro, el emprendimiento y la producción incorporando al mismo tiempo a los sectores productivos y empresariales del país. La gente, el ciudadano común y corriente aprendió por primera vez a trabajar y ya sea como textilero, agricultor o artesano, incluso cocalero, supo que solamente con el esfuerzo, la dedicación y el tiempo es que la pobreza se puede eliminar. Esa cultura, verdadera cultura hecha de hábitos, valores y creencias y no de elucubraciones y mistificaciones sobre el sexo de las piedras ha sido denostada y en gran medida eliminada por el MAS. Hoy Bolivia no solamente es el país más pobre del continente, ocupa el puesto 117 en el Índice de Desarrollo Humano o tiene ya un 20% de inflación con riesgo de convertirse en hiperinflación, sino que siguiendo los pasos de Zimbawe no solamente obliga a sus ciudadanos a migrar (3 millones de bolivianos viven en el exterior) sino que destruye la cultura del trabajo y la iniciativa de una manera intencionada y maligna. El “cambio” tan pregonado desde el gobierno en la práctica no significa o representa nada real, al contrario aleja las inversiones, promueve la violencia política, cultiva el odio racial, la mentira deliberada, la hipocresía y el cinismo igual que el “cambio” realizado en Zimbawe. Morales pudo ser Mandela, Mugabe también, pero, ambos eligieron el camino del resentimiento como forma de acción política, ambos Morales y Mugabe a diferencia de Nelson Mandela desaprovecharon las oportunidades que el contexto histórico les brindó y eligieron el mito del buen salvaje, el retorno a los orígenes oscuros donde las diferencias priman y el diferente sea blanco o mestizo es el enemigo; Bolivia tiene una oportunidad de salvarse de caer en ese abismo, sólo tiene que mirar y aprender de la historia y experiencia de Zimbawe.

 
 
 

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