Berlín XIII. Día 4 III: Hacker’s Home, Exit Berlin
En esta ocasión nos costó encontrar una sala de escape adecuada. No era fácil encontrar una de temática que no fuéramos a repetir, que tuviera disponibilidad a última hora del día y que pudiéramos hacer tan solo tres integrantes. Finalmente nos decidimos por Hacker’s Home de Exit Berlin.

Llegamos con tiempo al local, pero nos tocó esperar un rato, ya que aún debían estar terminando los grupos anteriores y faltaba por colocar la sala. Mientras esperábamos llegó otro grupo y nos llevaron a ambos a una sala para la explicación previa. Éramos todos extranjeros, así que nos pusieron un vídeo con las reglas generales en inglés. Lo curioso del local donde se encuentra esta sala de escape es que es un antiguo búnker de la RDA y se conservan los pasillos, las puertas estilo caja fuerte y gran parte del mobiliario, así que de primeras nos estaba resultando interesante, incluso antes de empezar.
Tras la introducción fuimos separados y nuestro Game Master nos explicó nuestra misión: Peter Wallner, conocido hacker, planeó un ataque al sistema de datos de Berlín. Aunque la acción fue parada a tiempo, el pirata está desaparecido y se cree que puede estar planeando un segundo intento. Así pues, tenemos 66 minutos para entrar en su guarida, recopilar pistas sobre su nuevo paradero y conseguir apagar su ordenador para así impedir que se lance el virus que puede colapsar todo el país y seguramente todo el planeta.
Ansiosos por ver qué nos deparaba la sala, entramos bastante expectantes y de repente nos encontramos totalmente desubicados. La sala no parecía la casa de un hacker, sino una oficina de los años 90. Sin duda los monitores de tubo no tenían mucho sentido en un contexto de alta tecnología. Además, se echaba de menos alguna cama, pósters en la pared, comida/bebida en la mesa… no sé, algo más de ambientación que guardase relación con la historia.

Para más inri, apenas había visibilidad, pues solo contábamos con la luz roja como la de la imagen sobre estas líneas. Para conseguir luz “normal” teníamos que encontrar un interruptor que debía ser de la época de la RDA, porque no conseguimos activarlo, así que estuvimos como pollos sin cabeza intentando resolver un enigma que requería en determinado momento de identificar y casar colores ¿Pero cómo vas a saber qué color es si tienes una luz roja que apenas deja ver y que la poca iluminación que da distorsiona los colores?

Además, nuestro Game Master nos había dicho que no había que forzar nada y que todo estaba muy a mano, por lo que nos centramos en lo que nos quedaba a la altura de nuestra vista. Luego resultó que sí que había que hacer un poco el cabra y además levantar bastante la cabeza para sacar algo en claro.
Habíamos visto (o intuido) muchos detalles que sospechábamos que formaban parte de algún puzzle, pero como estábamos atrancados, no podíamos continuar, así que en determinado momento, cuando llevábamos como unos veinte minutos de juego, pedimos la primera pista. Y la verdad es que no nos ayudó mucho, pues ya habíamos llegado a esa asociación de ideas. El problema era que con la falta de visibilidad no podíamos avanzar en la resolución. Así pues, tuvimos que seguir pidiendo ayuda.
Aquello no tenía ni pies ni cabeza. Nada parecía guardar relación con la temática, no había mucha coherencia con la historia y los puzzles no tenían nada de tecnología puntera digna de un hacker. Todo parecía aleatorio, y además lineal, por lo que como te atrancaras en un enigma, ahí te quedabas, esperando la inspiración o una pista. Llegó un momento en que nuestro Game Master pasó a escribirnos las pistas en español. Imagino que pensó que no entendíamos las pruebas por tener alguna indicación en inglés, y se esforzó en traducirlas como pudo. Sin embargo, no era un problema ideomático, sino que tenía que ver con que no habíamos pillado la lógica de los creadores al planificar este escape.
Pero bueno, poco a poco fuimos siguiendo sus indicaciones y completando las tareas. No obstante, pasamos a la segunda sala un poco hiperactivos porque habíamos agotado la mitad del tiempo. Sin embargo, en esta segunda fase la dinámica cambió y volvimos a ser nosotros. De repente empezamos a encontrar objetos, a asociar ideas y a empezar a resolver los enigmas. Nuestro Game Master en lugar de ver cómo nos desenvolvíamos y esperar a que pidiéramos pistas, las daba cada vez que encontrábamos algo, aunque fuera totalmente innecesario (imagino que visto lo visto en la primera parte pensó que éramos un poco lerdos). Menos mal que pronto se dio cuenta de que ya no nos hacían falta.

En cuestión de 10 minutos habíamos completado las pruebas de la sala y pensábamos que habíamos recuperado el tiempo perdido en la primera y que aún podríamos salir vivos de aquello. Y de repente: FIN. No había más habitaciones, ya habíamos terminado.

¿Cómo? Ahora que realmente lo estábamos disfrutando, que la ambientación tenía más sentido, que los puzzles eran simultáneos y bien planteados…, se acaba.
Hablamos un rato con nuestro Game Master, que nos fue haciendo recapitulación sobre las pruebas, su resolución y en dónde habíamos fallado. Pero aún así, seguí sin verle mucha coherencia. Le comentamos que no nos habíamos sentido muy bien en la primera sala y que eso nos había hecho perder mucho tiempo y nos apuntó sin embargo que le había sorprendido cómo habíamos resuelto la segunda, ya que normalmente parece que los grupos se suelen atrancar ahí y emplear más del doble de tiempo que nosotros.
Conseguimos salir con un tiempo de 51:52.
No sé cómo serán el resto de sus juegos, pero desde luego Hacker’s Room deja bastante que desear. Creo que está pobremente diseñado, que le falta ingenio y ambientación para crear una atmósfera apropiada con la temática. Es verdad que apenas hay candados y que los puzzles son variados, pero se echa en falta que sea quizá más tecnológica. Se nota además que está creado en un contexto alemán, ya que hay una prueba con números romanos y para descifrar el código hay que resolver un enigma más. Es decir, nos encontramos teniendo que encontrar una llave que abriera el candado de un armario para que nos diera una plantilla de números romanos-arábigos. Esto es, que nos dijera que XIV es 14. Totalmente innecesario para nosotros, claro, pero de gran ayuda para un alemán, ya que ellos no usan los números romanos en ningún contexto y ni los deben aprender en el colegio.

Por otro lado, yo eliminaría sin duda lo de la luz roja, pues más que atmósfera, entorpece. Pero claro, si se quita ese impedimento lo demás puede resultar algo más obvio y sería demasiado fácil. En cualquier caso, todo ello provoca una falta de inmersión en el juego que hace que el jugador se frustre, aburra y descuelgue de la dinámica. El hecho además de que sea lineal lo empeora aún más, pues bloquea al equipo. Y si nos pasó siendo tres, imagino que con más integrantes, habrá algunos que se queden a verlas venir sin poder hacer gran cosa más que entorpecerse unos a los otros, pues además no es un espacio muy amplio.
En cuanto a las pistas, no me gustó cómo se gestionaron. En primer lugar porque podía haber intervenido antes dándonos alguna indicación tras 15 minutos sin avanzar y en segundo porque no eran nada sutiles, sino que nos ponía prácticamente la resolución. Por no hablar de cuando nos daba indicaciones en la segunda sala cuando no nos hacían falta.
Aunque seguimos invictos, parece que no tenemos mucha suerte con los escapes en el extranjero. El de Suiza lo hicimos en apenas media hora, el de Polonia era un tanto simplón y se podían resolver enigmas por inspiración, el de Boston aunque estaba bien nos encontramos con los compañeros inesperados y el de Sarajevo se nos quedó corto. Y en cuanto a la temática hacker, sin duda es mucho mejor (años luz) el de El escondite del hacker de Escapeway.
Seguiremos intentándolo.

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