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¡Basta, de tanta impostura!

Nov 19, 2008
2 min read
Por Álvaro Riveros Tejada

Por Álvaro Riveros Tejada

A 80 días de cumplirse tres años de gestión gubernativa los bolivianos, en especial los collas, pareciéramos estar opificados o simplemente narcotizados, por la cantidad de sahumerios realizados en el palacio de gobierno. Esta situación llega al extremo que,  a esta altura de los acontecimientos, no sólo se podría sembrar nabos sobre nuestras espaldas, sino también coca, y de la buena.

Desde el inicio de su gestión y bajo una imagen de arraigado indigenismo, este gobierno nos hizo creer en el cambio de las viejas estructuras neoliberales por un estilo nuevo de hacer las cosas, honesto y sin tapujos.

Dicha política transformadora comenzó con  la búsqueda engañosa e infructuosa de un original concepto de moda presidencial que, pese a disfrazar a S.E. de distintas maneras, no ha logrado hasta la fecha el prototipo de traje que caracterice a la nación.

Se experimentó con algo parecido al sari de Indira Ghandi, al turbante de la Menchú en Guatemala, a las túnicas de Mandela en Sudáfrica, al uniforme de Mao en China y hasta a la guerrera verde olivo de Castro en Cuba. De ahí que improvisar e instituir un prototipo que emerja de los cocales del Chapare, es una impostura que está más allá de Adán y Evo.

A nombre de “nacionalización” de cuya vorágine, al igual que en la era capitalizadora, sólo se salvaron -por el momento- la policía y las FF.AA., nos embarcaron en la compra de monumentos a la basura como: La fundición de Vinto, las refinerías de petróleo y el ingenio minero de Huanuni, por citar unas cuantas. Todos esos emprendimientos fueron una engañifa, cuyos resultados negativos debemos pagar todos.

Se ha expulsado al embajador norteamericano, luego a USAID y hace unos días a la DEA. Sin embargo, la cosa no queda allí, ahora se pretende ampliar a 30.000 Has, las áreas de cultivo excedentario;  modificar, si no abrogar, la ley 1008, con el objeto de cerrar este cuadro de  abierta permisividad y condescendencia con el narcotráfico. Tales medidas nos recuerdan a la patraña de los años ochenta, cuando se hablaba de crear “el banco de la  coca” y nacionalizar la lucha contra el  narcotráfico, luego de imponernos  un toque de queda que regía desde las ocho de la noche, y mientras se sedaba a la población con la telenovela “Rosa de Lejos” los pisa cocas iniciaban su labor a partir de las nueve.

Como todas estas tropelías llevan, en un 54%, el sello indeleble del voto mayoritario emitido por el pueblo, se ha perfeccionado este subterfugio  para que nunca más se baje de ese porcentaje y así perennizarse en el poder. Podrán mediante referéndums populares y, cuando se les venga en gana, propinarnos interminables palizas electorales, haciendo votar a ciudadanos que nacieron en 1770 y convocando a elecciones en medio de un estado de sitio que debe ser levantado por principio constitucional.

Aunque el presidente de la Corte Nacional Electoral garantice a la ciudadanía que: “éste va a ser el padrón más saneado, depurado y auditado en la historia democrática del país, porque necesitamos renovar la confianza de la ciudadanía respecto al registro electoral boliviano” El engaño está cantado y si queremos seguir por la senda de la paz y la legalidad democrática “Basta de tanta impostura”.

 
 
 

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