AUTISMO Y EL HALLAZGO DE AGUA EN LA LUNA: UNA CONVERSACIÓN INCÓMODA.

Hoy salió la noticia. ¡Hay agua en la luna! Una conversación perfecta para alguien como yo. Pero también nada fácil para alguien como yo. Ser autista no siempre es una ventaja (sí, tiene ventajas y muchas). El autismo es una condición que muchas veces se convierte en un lastre que aparece en el momento menos indicado.
¿Cómo sería esa conversación?
Me encontraría con alguien a quien pudiera confiarle la enorme cantidad de información que he recopilado a lo largo de la mañana y la tarde. No lo llamaría amigo o amiga (aunque antes todo aquel que se mostrara amable conmigo entraba en la categoría de amistad. Ya luego comprendí con rudeza y sorpresa, que cortesía y enojo están separados por una línea muy delgadita). Van a tener que disculpar mis paréntesis recurrentes, pero es con estos como explico las paradojas autistas; los haré lo más divertidos que pueda, (ojalá la vida estuviera llena de paréntesis explicando cada cosa que no entiendo).
Mi monólogo sobre la Luna empieza con una pregunta de cortesía (antes le entraba a cualquier tema porque pensaba que mi … amigo estaría enterado, ya luego una terapeuta me enseñó que era necesaria la pregunta de cortesía y sobre todo escuchar la respuesta). Ahí voy:
—¿Sabías que la Nasa reportó agua en la Luna? (tic, toc, tic toc…)
Mi mente algorítmica por una sola vez estará feliz de un SÍ o un NO (recuerden es pregunta de cortesía, igual soltaré el discurso, no lo puedo evitar).
— No.
Le hablo ahora del lado luminoso de la luna con muchos detalles y luego hago una exposición acerca de la estación de observación SOFIA. Le diré que puede ser H2O o simplemente una molécula de hidróxilo indeterminado, por ahora, hasta que la firma espectral lo defina. Continuaría con geología de la luna y el por qué en el cráter Clavius se encontrarían las valiosas moléculas. También mencionaré las moléculas en el Mar de la Serenidad. Para saber si eran moléculas de agua necesitaron comparar la emisión espectral con la de agua encontrada en meteoritos (aún no hablo del observatorio, pero ya tengo en mente los datos como en una represa que explotará de no encontrar un momento donde acoplar el tema).
De nuevo y para entrar a un subtema, otra pregunta de cortesía:
—¿Sabes cuánta agua se encontró? (tic, toc, tic toc…)
— ¿Cuánta?
(¡Sí!) (Me lo dirá con un tono que detecto incómodo, pero no aun para mí)
—Solo se determinará cuántas moléculas de H2O o Hidróxilo hay aplicando la ley de de Beer-Lambert: una relación entre abundancia en unidad espectral y profundidad de banda (saltaré la explicación de la ley porque no me es clara, pero la investigaré esta madrugada hasta que salga el sol, ese fue un chiste).
Aún falta explicar el origen del agua. No he mirado el reloj, tengo un método de socialización donde según pruebas y mediciones, no tan exactas como las de la NASA, tres minutos de monólogo es lo que resisten los neurotípicos, algunos resisten cuatro minutos y algunos solo treinta segundos. Saco la media estadística y tres minutos es la cifra más segura. (¡Mierda! llevo cuatro minutos con doce segundos!).
Pregunta de cortesía:
—¿Y sabes de dónde se originan esas moléculas de agua? (tic, toc, tic toc…creo que no fue bueno pasarme de los tres minutos… )
—¿De dónde?
— El agua presente en la exosfera lunar se absorbe por un proceso químico, también pequeños meteoritos al impactar dejan esas moléculas en los cráteres minúsculos atrapadas entre vidrios producto de la colisión o también puede formarse en la propia superficie lunar en moléculas básicas de hidróxilo por temperaturas en el Ecuador lunar al medio día lunar, esta última hipótesis parece ser la más acertada. (Uff! Me quedé sin aire).
Pero falta la pregunta más importante: ¿Cuánta agua hay en la Luna? Esa será mi próxima “pregunta de cortesía”. Antes que la pueda formular recuerdo que mi método de socialización admite solo tres preguntas de cortesía y una de seguimiento. Me dijo mi terapeuta de lenguaje que siempre debería preguntar la opinión del interlocutor para saber si estaba interesado en el tema, así saber si convenía seguir hablando.
A estas alturas me gustaría poderle contar el SOFIA es un telescopio de 2,5m anclado a un Boeing 747 utilizado para astronomía infrarroja y submilimétrica y que tiene un instrumento llamado FORCAST GO63, hablaría de pulgadas, ranuras y pixeles, latitudes de exploración lunar, pero mejor concluyo con la pregunta de seguimiento:
— ¿Qué te parece lo que te he contado? (tic, toc, tic toc…)
— Maravilloso
(su entusiasmo me indica que no le parece maravilloso, y eso que no he mirado su rostro, un indicador infalible de aburrimiento o exasperación que frena cualquier entusiasta conversación, o en mi caso, monólogo).
Como ves mis conversaciones no son tan sencillas y siempre terminan en un desastre. una recriminación y una autocrítica. Aprendo y vuelvo a caer en el mismo error. Es nuestra naturaleza quedarnos en los detalles de un tema y olvidar que a veces lo que hablamos no es interesante para el interlocutor o no es el momento para hablar de algunas cosas. Al final las personas siempre serán mi Kriptonita.
Solo nos queda esperar que ese «amigo» no nos evada con un silencio que grita ¡Cállate ya! O que para la próxima se excuse y no nos quiera hablar, o sencillamente no haya una próxima vez.
A menos que tú quieras que te cuente sobre la guerra que empezará entre dos potencias por los minerales de la luna.
— ¿Sabías que una superpotencia piensa explotar minerales en la luna? (tic, toc, tic, toc…)

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