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Atardecer a orillas del mundo

Mar 15, 2014
1 min read

Y de pronto

se apagó el sol,

como una naranja

con destellos guindas

en una extensa llanura

bañada por la sombra,

insinuaciones manantiales

y una tenue cordillera

emanada de la bruma.

Todos mis recuerdos

se erosionaron

en el descenso

y el calor se hizo frío

y la distancia se hizo

más próxima.

Un tajo marrón

encendió el horizonte

para dividir la oscuridad

en dos,

la del cielo y la tierra.

Mengua la luz

en la voracidad

de la noche que se levanta.

La ciudad simula ser

una galaxia terrestre,

una constelación eléctrica

buscando llenar el vacío

que dejó la tiniebla.

En cada estrella de luz opaca

habita el silencio,

un ácido  invisible que se ramifica

por el subsuelo

y escupe sangre.

Mañana brotará

otro fuego

desde el oriente

para iluminar al mundo

en el tibio resplandor

de la hierba.

::.

 
 
 

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