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Aprendiendo fotografía: Tipos de Trípodes

Nov 24, 2020
4 min read

Si bien es cierto que con la cámara ya podemos hacer muy buenas fotos, hay algunos accesorios que ayudan a que el resultado sea aún mejor. Ya habíamos visto cómo pueden influir los filtros y hoy vengo a hablar de los trípodes, un elemento que, como su propio nombre indica, cuenta con tres puntos de apoyo, lo que permite estabilizar la cámara y obtener fotografías más nítidas.

Un trípode no es que resulte de ayuda, es que es un objeto que llega a ser incluso imprescindible en algunos casos, sobre todo en aquellos en los que necesitamos utilizar un tiempo de exposición larga (fotografía nocturna, situaciones en las que no hay mucha luz o cuando queremos un efecto seda en agua). También lo es al usar teleobjetivos, cuando se quiere hacer varias fotografías con el mismo encuadre o desde una posición o ángulo complicados, cuando se captan flores o insectos y, por supuesto, para usar el autodisparo.

Aunque hay muchos tipos de trípodes, básicamente constan de 3 partes:

– Cuerpo: Son las patas y dependiendo de su diseño y material el trípode tendrá una altura mínima, una máxima (si se puede extender) y un peso máximo soportable. El cuerpo puede estar fabricado en diferentes materiales, aunque los más habituales son el aluminio y el carbono.

– La cabeza (o rótula): Es la parte que permite colocar la cámara en el trípode y moverla en una u otra dirección sin tocar la posición de las patas. Dependiendo de las necesidades (tanto de quien fotografía, como de la imagen que quiera conseguir) se puede elegir entre varios estilos:

  • De tres ejes: permiten la movilidad horizontal, vertical y giro.

  • De bola: El mecanismo gira alrededor de una bola y permite los mismos movimientos que la anterior.

  • De Joystick: También permite el movimiento en tres ejes, solo que se maneja con una especie de mando, de ahí su nombre.

– La Zapata: Es una pieza que se acopla por un lado a la cámara y por otro lado al trípode. Esto permite separar la cámara de las patas sin necesidad de desmontar todo.

A la hora de elegir un trípode necesitamos saber para qué cámara (no es lo mismo una réflex, que pesa más, que una compacta), para qué tipo de fotografía o situaciones y con qué frecuencia lo vamos a utilizar, y por ello hay que tener en cuenta diferentes cuestiones (y no necesariamente en este orden):

– El peso: un trípode tiene que ser lo suficientemente robusto como para darnos esa estabilidad que buscamos, pero a la vez ser lo suficientemente liviano como para cargar con él. Salvo que no se vaya a transportar, que en tal caso da igual si es muy pesado. Algunos trípodes, pese a ser ligeros, cuentan con un gancho bajo la rótula, lo que permite añadir peso en el centro y ganar estabilidad. Muy útil sobre todo cuando hay viento. El peso vendrá determinado en la mayoría de los casos por el material del que esté fabricado (aluminio y aleaciones, fibra de carbono, basalto o acero inoxidable).

– Capacidad de carga: obviamente el trípode (cuerpo y rótula) debe ser capaz de sostener la cámara y el objetivo más pesado que contemos. E incluso otros elementos como un flash.

– El agarre: No todos los trípodes tienen el mismo tipo de sujeción al final de las patas. Es aconsejable que lleve unos topes de goma, pues así no resbalará en superficies resbaladizas

– Las dimensiones mínimas: Si se va a llevar en una mochila es importante saber cuál es su tamaño mínimo al estar plegado, pues si es demasiado grande ya en su versión más reducida, no será muy práctico cargar con él.

– La altura: una vez montada la cámara sobre el trípode, esta debería quedar a la altura de los ojos del fotógrafo, de forma que se pueda trabajar sin forzar la posición. Para quienes apenas pasamos del 1.50 esto no es un gran problema.

– Nivel: Muy útil para asegurarnos de que la cámara queda en posición alineada.

– Relación Calidad/Precio: Que un trípode sea más caro no necesariamente implica que sea mejor.

En cualquier caso, lo mejor es empezar con uno que sea lo más versátil posible y a partir de ahí, en función de la observación y la experiencia, comprar uno más específico.

Cuáles tengo yo:

– Mini: Este minitrípode es muy útil por su tamaño, que permite llevarlo siempre a mano. Eso sí, tiene un uso muy limitado.

– Flexible: este trípode con patas flexibles resulta conveniente no solo para un agarre horizontal, sino también vertical. Por ejemplo, sus patas se pueden enroscar en barandillas, en ramas, en una señal de tráfico… Es ligero, barato y lo hay de diferentes tamaños y que permiten diversas cargas. Este lo usábamos con la Lumix, lamentablemente para la Canon necesitamos uno superior.

– Grande plegable: este es el que usamos en nuestros viajes. Sobre todo en Islandia para los paisajes y para el efecto seda en las cascadas.

Lógicamente, también hay trípodes para móviles, hoy que se usan tanto para foto como para vídeo. Aunque en realidad, con este soporte acoplable al flexible es suficiente.

En definitiva, un trípode es un accesorio muy útil e incluso imprescindible que todo amante de la fotografía debería tener en su haber.

 
 
 

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