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Anecdotario

Apr 10, 2016
2 min read

¿Cómo asir lo inasible? ¿Cómo hacer que todo salga bien cuando todo va mal?

Hoy tengo ganas de perderme en la espesa oscuridad de una fría catacumba, en las entrañas de un templo devorado por el tiempo, y dejar que mi voz retumbe en la humedad del aire y que mis manos encuentren el camino de salida en este laberinto de confusión y extravío mientras te tomo de la mano para avanzar despacito hacia la luz, y extraviarnos en un bosque lleno de cadáveres arborescentes, arrancados de raíz en la tiranía del viento que dejaba a su paso un mar de astillas y troncos huecos donde resonaba la música de la tierra, y nos recostábamos entonces en una cama de hojas secas, mirando el transcurrir del cielo y las nubes aborregadas que navegaban la transparencia del aire, mientras el sol de la tarde acariciaba tu rostro, y me adentraba en la profundidad de tus ojos morenos y lejanos que brillaban en lo alto de la colina, y los espigados pinos bailaban dando vueltas como trompo y mis palabras torpes ya no hacían eco en las cavidades de tu alma, y tu encantadora sonrisa se iba desdibujando en esa pesadez tan mía que lo hace todo tan difícil, y tus manos frías ya no respondían a mis caricias y los silencios se hicieron cada vez más largos y nos fuimos volviendo extraños y distantes sin saber qué decir, y tu rostro denotaba el cansancio de estar a mi lado, y no quedó más remedio que decirnos adiós aún sin decirlo para convertirnos en una historia escrita con lápiz en el anecdotario de cada quien, como un breve suspiro condenado al olvido y el destierro de tu lindo rostro soñoliento con el que mirabas el mundo llena de esperanza. ::.

 
 
 

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