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Amatoria

Feb 26, 2006
2 min read
ovidio

Cuando se pone uno a pensar en técnicas amatorias, lo primero que viene a la mente es el Kamasutra. Edaf publicó el año pasado una buena versión, procedente de la nueva traducción inglesa directamente del sánscrito. El resto de traducciones siguen dependiendo, lamentablemente, de la versión puritana, medio censurada, que nos entregó Richard Burton en 1883.

Contamos con otro gran libro de psicología y técnicas amatorias, más cercano a nuestros parámetros culturales, y de una actualidad deslumbrante: Arte de amar, de Ovidio. Como muestra, baste este pasaje.

[Cómo en la cópula actuará el varón]

He aquí que recibe a los dos enamorados el lecho

confidente de sus cuitas. Musa, no abras la

puerta cerrada del dormitorio. Sin tu ayuda las palabras

elocuentes brotarán espontáneas de los labios;

allí las manos no permanecerán ociosas y los dedos

sabrán deslizarse por las partes donde el amor templa

ocultamente sus flechas. Así en otros días lo hizo

con Andrómaca el valeroso Héctor, cuyo

esfuerzo no brillaba sólo en los combates, y así el

gran Aquiles con su cautiva de Lirneso, cuando cansado

de combatir se retiraba a descansar en el lecho

voluptuoso. Tú, Briseida, permitías que te tocasen

aquellas manos que aun estaban empapadas con la

sangre de los frigios. ¿Acaso no fue esto mismo lo

que más te soliviantaba, viendo orgullosa cómo acariciaba

tu cuerpo su diestra vencedora? Créeme, no

te afanes por llegar al término de la dicha; demóralo

insensiblemente, y la alcanzarás completa. Si das en

aquel sitio más sensible de la mujer, que un necio

pudor no te detenga la mano; entonces observarás

cómo sus ojos despiden una luz temblorosa, semejante

al rayo del sol que se refleja en las aguas cristalinas;

luego vendrán las quejas, los dulcísimos

murmullos, los tiernos gemidos y .las palabras adecuadas

a la situación; pero ni te la dejes atrás desplegando

todas las velas, ni permitas que ella se te

adelante. Penetrad juntos en el puerto. El colmo del

placer se goza cuando dos amantes sucumben al

mismo tiempo. Esta es la regla que te prescribo, si

puedes disponer de espacio y el temor no te obliga a

apresurar tus hurtos placenteros; mas si en la tardanza

se oculta el peligro, conviene bogar a todo

remo y hundir el acicate en los ijares del corcel.

 
 
 

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