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Algo explicable, pero…

May 29, 2008
2 min read

Por Mario Rueda Peña

Un demócrata de verdad no puede aceptar la violencia de unos contra otros. Por eso, lo ocurrido en Sucre en días pasados, cuando grupos de exaltados humillaron a más de una decena de campesinos, conduciéndolos semidesnudos a la plaza principal, donde los obligaron a pedir perdón de rodillas, representa un exceso condenable para cualquier ciudadano con elemental vocación de respeto a los demás. Por cierto que de modo alguno son trigo limpio las víctimas de semejante atropello. Forman parte de los grupos de choque organizados por el MAS para acciones de presión e intimidación a los adversarios.

La plata, una serie de granjerías y, sobre todo, las arremetidas verbales del jefe de Estado contra los que osan criticar u oponerse al régimen masista, les condiciona un comportamiento grupal de agresividad extrema a todos cuantos el ‘jefe’ (‘fuhrer’ era el término que se empleaba en Alemania en los tiempos de la esvástica estampada en banderas nazis desplegadas al viento) convierte en blanco de su furia retórica. En su prontuario figuran golpizas a parlamentarios, periodistas y manifestantes pacifistas de La Paz, bloqueos al Parlamento, etc.

Los campesinos vejados en Sucre eran parte de tales grupos de choque. El Gobierno los transportó en camiones desde la zona rural de Chuquisaca a la capital de la República. El fin del MAS era de tipo publicitario-político: en la pantalla chica de Bolivia y de países del exterior, oponer imágenes de apoyo campesino-popular a las que le mostraban huérfano de todo respaldo ciudadano en la capital de la República. La movida era contra el Comité Interinstitucional, que le había vetado su asistencia a los festejos cívicos del 25 de Mayo. El tiro le salió por la culata: los campesinos, al igual que policías y militares encargados de la seguridad, tuvieron que huir del estadio departamental en desbandada.

Pero todo lo dicho precedentemente sólo explica, pero no justifica, de modo alguno, que pequeños grupos de sucrenses exaltados secuestraran, primero, y luego vejaran a los campesinos masistas, aplicándoles el ‘ojo por ojo y diente por diente’. Es decir, sometiéndolos a violencia igual o parecida a la que sus compañeros de otras regiones (particularmente los de Chapare y el altiplano), o quizás ellos mismos, ejercieron contra otros.

De todos modos, lo sucedido no compromete a la sociedad chuquisaqueña en su conjunto. Debe considerarse que unas cuantas ovejas negras no hacen rebaño. El hecho de que en la capital de la República existan pequeños grupos propensos a la violencia y al racismo encaja sólo en una ostensible excepcionalidad. El grueso de la población de Sucre condena igualmente semejantes extremos, a los que considera más bien dañinos para la causa autonomista a definir en un referéndum. El Gobierno y el MAS deben extraer del asunto una lección que observar de ahora en adelante: no hacer a otros lo que después ellos, como venganza, querrán hacer contigo.

 
 
 

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