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Algo en el agua, Catherine Steadman

Aug 29, 2025
4 min read

Ópera prima de la actriz británica Catherine Steadman, conocida por Downtown Abbey y Oppenheimer, Algo en el agua se convirtió en todo un éxito nada más ser publicada. Fue número 1 del New York Times y se mantuvo durante varias semanas en la lista de los más vendidos.

La portada alude a una pareja perfecta y un crimen perfecto, y si vamos a la sinopsis se nos menciona a Erin, una cineasta especializada en documentales, y Mark, un banquero de inversiones, que en medio de su luna de miel en la paradisiaca Bora Bora descubren algo en el agua durante una excursión de buceo. A partir de ese momento han decidir si revelan lo que acaban de ver o, por el contrario, se guardan el secreto para ellos y siguen con su vida como si nada. Sin embargo, ya nada volverá a ser como antes, pues han puesto en marcha una catastrófica cadena de acontecimientos que lo cambiará todo para siempre.

Según la sinopsis una esperaría que la novela comenzara por la feliz pareja casándose y preparándose para comenzar su ansiada luna de miel. Sin embargo, esto tarda en llegar. Algo en el agua arranca con Erin, quien narra en primera persona dirigiéndose al lector lo difícil que es cavar una tumba. Con el recurso de “Te preguntarás cómo he llegado aquí”, la novela retrocede un poco y nos lleva a la rutina cotidiana de la pareja. Así, seguimos a Erin, entusiasmada porque está preparando su primer documental sobre tres presos que van a ser puestos en libertad en las próximas semanas; y a un Mark que es despedido de su trabajo. La boda sigue en pie, pero la pérdida de empleo supone que tienen que hacer algunos movimientos para ahorrar dinero, unos recortes aquí y allá como elegir un menú más barato para el banquete o reducir una semana la duración de la luna de miel. Y es que tienen una hipoteca de una casa cara y están haciendo planes para tener hijos, pero no parece que el banquero lo vaya a tener fácil a corto plazo en un sector como el suyo. Aunque estos ajustes económicos provocan cierta tirantez en la pareja, pronto solucionan sus diferencias y pueden disfrutar de una bonita boda y se marchan a desconectar a Bora Bora.

A partir de la llegada a la isla en la Polinesia Francesa empieza la tensión. Ya sabíamos por la sinopsis que algo iba a ocurrir, pero claro, no es el primer día, así que se va cociendo a fuego lento mientras los protagonistas disfrutan de su paraíso, del sol y la playa. Y cuando ocurre el SUCESO, cuando salen a bucear y encuentran algo en el agua, todo se precipita. El viaje ya no es tan placentero como pretendían porque tienen los nervios a flor de piel y temen ser descubiertos, así que deciden volver unos días antes.

La novela se traslada entonces a los días fríos y grises de Londres donde los protagonistas intentan volver a la normalidad aunque con nuevos planes gracias al descubrimiento de Bora Bora. Erin retoma su documental y Mark parece que está más animado y ha decidido que si no le contratan en ningún sitio, entonces va a montar su propia empresa. Sin embargo, Erin nos va narrando cómo no puede dejar de dar vueltas a seguir teniendo en su poder aquello que encontraron y realiza sus propias investigaciones y movimientos sin consultar con su marido.

Ver a la protagonista al inicio de la trama en la tesitura de deshacerse de un cadáver da una imagen de ella que va cambiando a lo largo que pasan las páginas. Al principio es difícil empatizar con un personaje que está cavando una tumba, pero hacia la mitad del libro, aunque Erin toma más de una y más de dos decisiones sin pensar antes en las posibles consecuencias, es más fácil ponerse en su lugar. Y es especialmente al final cuando todo encaja y comprendemos cómo llegó a esa situación que abría la novela.

No obstante, que encaje su comportamiento no significa que lo haga el final. La autora va plantando semillas a lo largo de las páginas que parece que van a ser importantes o detonantes de algún giro de guion y sin embargo quedan en nada. Los tres entrevistados sirven únicamente como muleta para la protagonista (la introducción de la policía, de un embarazo, o alguien que la asesore en asuntos criminales), no hay desarrollo de sus personajes, tampoco de Mark. Todo lo que sabemos es lo que nos cuenta Erin. Una Erin con una oscuridad en la que Steadman no ha profundizado demasiado.

Algo en el agua tenía los mimbres para presentar una buena historia, pero se ha quedado corta al desarrollar los personajes, se ha excedido en descripciones que parecen copiadas de la wikipedia y concluye con un final precipitado, muy vago e insatisfactorio en el que se quedan muchos cabos sueltos. No fue la lectura que esperaba.

 
 
 

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