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ALFONSO REYES- YO TAMBIÉN SOY

May 30, 2019
4 min read

Debe ser la más personal de mis reseñas hasta ahora y es que también será la más introspectiva. De pocos hombres me ha fascinado saber tanto, como lo puede ser Alfonso Reyes.

Casi podría asegurar que, como parte de mi caminata literaria, asimilarme como alfonsoreyista puede ser el sentimiento más cercano que encuentre. Inclusive, mi pseudónimo para las criticas sociales que en algunos momentos he llegado a realizar, ha sido inspirado primeramente en él (Fósforo I) y en segunda, en uno de los escritores mexicanos que también han determinado parte de lo que soy, Carlos Fuentes, el segundo fósforo.

Recordando mis andanzas en Ciudad de México, es inevitable no relatar de cuando visité la capilla Alfonsina, mismo santuario al que Borges entró llorando cuando supo de su muerte y en el cual encuentro claro ejemplo de lo que es un alma empapada por el placer del conocimiento; él dijo – “yo quiero una biblioteca con casa y no una casa con biblioteca.”

Morir

En el más cariñoso lecho me siento morir, cuando en la naturaleza, toda mansa como jardín.

Muelle, el ala del ángel blanco ¡qué piedad, que ternura al fin!— primera vez roza mis hombros como el arco roza el violín.

Esta frescura de saber que también nos vamos de aquí, ¡qué novedad en la conciencia, qué persuasión blanda y sutil!

Si bien, mi fenómeno en el ejercicio de la poesía es más cercano al de la ejecución en verso blanco o verso libre, en el camino de la literatura es imposible no cruzar por todos los senderos que continuamente se bifurcaran. En mis tiempos dónde la rima era crucial para mi trayecto lírico, Alfonso Reyes acompañó con total franqueza cada uno de mis versos soltados con el arco y la lira rebosantes.

Es curioso que un personaje de la talla diplomática de Reyes dominara ampliamente los ejercicios de la poesía, el cuento y los ensayos académicos en tantas diversas ramas. Siempre criticado por su cercanía a la política de Porfirio Díaz (siendo que su padre fue incluso mano derecha de Don Porfirio) existen teorías dónde se dice entre malas lenguas que sus nominaciones al premio nobel de la literatura no lograron concretarse en el triunfo, porque él se desarrollaba en un pensamiento internacionalista conviviendo con las cúpulas del poder en las instituciones educativas, todas invadidas con pensamiento nacionalista (Vasconcelos claro ejemplo de ello).

-Yo aprendí poesía en las piernas de Alfonso Reyes, dijo Fuentes.

Tal como lo comentó en vida, la cercanía Carlos inicia con la de su padre (quien también fue diplomático) para con el mismo Reyes, quien no tardó en tener sus propios lazos cuando Fuentes se desarrolló en la maestría literaria con que también se le reconoce ahora.

Gran parte del trayecto de Alfonso no es reconocido en el mundo comercial de las editoriales y me atrevería a referir que es incluso admirada abiertamente, solo entre reales amantes de la literatura latinoamericana, siendo que su obra funcionó como nutrimentos que alumbraron el Boom. Esto último, podemos platicarlo mencionando un cuento bastante referido de Reyes “La cena”, el cual, no es sino la clara muestra de las inspiraciones con las que se estaba criando (principalmente en la vanguardia europea, que ya tomaba como ejercicio de crítica el de usar elementos fantasiosos para trastocar la realidad política vigente en la época).

Reyes, fue sin duda uno de los primeros en incursionar en la literatura de hispanoamericana, referentes del “real maravilloso”, una corriente vanguardista que bien puede hacérsele llamar un precursor de lo que posteriormente (y con un manejo del tiempo en in media res) sería implementado por Juan Rulfo en Pedro Páramo, dando como resultado el nacimiento del “realismo mágico”; corriente literaria bastante característica del Boom y perfeccionada por latinoamericanos de diversos países, pero nacida en México (uno de quienes le dieron nuevos giros al realismo mágico, es sin duda el emblemático colombiano, Gabriel García Márquez).

Es interesantísimo ver como Alfonso soltó una reacción en cadena que sigue invadiendo la creación literaria incluso hasta nuestros días: pocos hombres han logrado esto y pocos hombres lo harán. A diferencia de otros, Reyes fue un estadista y por supuesto, un artista de la palabra, como mínimos personajes han siquiera imaginado:

El llanto

Al declinar la tarde, se acercan los amigos; pero la vocecita no deja de llorar. Cerramos las ventanas, las puertas, los postigos, pero sigue cayendo la gota de pesar.

No sabemos de donde viene la vocecita; registramos la granja, el establo, el pajar. El campo en la tibieza del blando sol dormita, pero la vocecita no deja de llorar.

—¡La noria que chirría!— dicen los más agudos— Pero ¡si aquí no hay norias! ¡Que cosa tan singular! Se contemplan atónitos, se van quedando mudos porque la vocecita no deja de llorar.

                                   …

En definitiva, hay un sentimiento enorme cuando en mis labios se suelta el trinar del ave Reyes, que aún me encamina. Pocas veces se puede sonreír tanto; la literatura (a pesar de que no fue en sus piernas) también la crió en mí, Alfonso, el mexicano internacional.

– Fósforo III

 
 
 

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