top of page

Adolescencia: La Batalla por Encajar en un Mundo Conectado

Mar 26, 2025
14 min read

La adolescencia es una etapa de transición llena de cambios emocionales, sociales y cognitivos que marcan el desarrollo de la identidad. En este contexto, la serie Adolescencia de Netflix (2025) nos sumerge en una historia cruda y realista que explora la complejidad psicológica de los jóvenes en la era digital. A través de la historia de Jamie Miller, un adolescente de 13 años acusado del asesinato de su compañera de clase Katie, la serie pone sobre la mesa temas como la influencia de las redes sociales, la presión grupal y la construcción de la identidad en un entorno de constantes juicios y expectativas.

Esta serie plantea interrogantes fundamentales: ¿Cómo afectan la tecnología y la presión social al desarrollo emocional de los adolescentes? ¿Qué mecanismos psicológicos intervienen en la toma de decisiones en esta etapa? ¿Cuánto de lo que hace Jamie es producto de su entorno y su falta de madurez y cuánto es culpa de su propia naturaleza y decisiones? ¿Estamos educando bien a nuestros hijos? ¿Debería haber mayor control parental en cuanto a redes sociales? ¿Deberían los adolescentes ser tratados de la misma manera que los adultos en situaciones tan graves?

Desde un punto de vista psicológico, podemos suponer que Jamie, ya solo por el simple hecho de estar transitando la adolescencia, está en una etapa crítica del desarrollo de su identidad.

A los 13 años, los y las adolescentes están en el proceso de descubrir quiénes son, lo cual se ve afectado por sus interacciones con los demás, las expectativas familiares y sociales, y su propio entendimiento de sí mismos.

Un rasgo común en esta etapa es la impulsividad debido a la maduración incompleta del cortex prefrontal, la región del cerebro encargada del control de impulsos, la toma de decisiones y la comprensión de las consecuencias a largo plazo, por lo que los y las adolescentes tienden a ser más emocionales que racionales, lo que puede dificultar su capacidad para manejar situaciones extremas de manera lógica. Tienen un control limitado sobre sus emociones, pueden tomar decisiones precipitadas sin anticipar sus consecuencias y son mas propensos a tener comportamientos de riesgo cuando están rodeados de sus pares.

Existe también una tendencia común en la adolescencia a sentirse incomprendidos o rechazados por las figuras de autoridad. Los adultos tienden a ver las situaciones de manera lógica y objetiva, pero los adolescentes están más influenciados por sus emociones intensas y su deseo de ser comprendidos, lo que dificulta la comunicación efectiva.

La adolescencia está marcada por la necesidad de pertenecer y ser aceptado en un grupo social, buscando la validación de los iguales, a veces incluso por encima de la opinión de los adultos. Las presiones externas pueden afectar profundamente su comportamiento y decisiones. En este contexto las redes sociales desempeñan un papel clave, con poder para amplificar rumores, reforzar estereotipos y aumentar la ansiedad social.

Jamie era un buen estudiante, inteligente, aparentemente un adolescente como otro cualquiera. ¿Cómo pudo acabar asesinando a su compañera de clase? ¿Era un psicópata o lo ocurrido es consecuencia de otros factores?

Para poder dar contexto, a lo ocurrido en la serie, debemos ir a la base de la personalidad de Jamie.

A lo largo del tercer capítulo, que escenifica prácticamente al detalle una sesión de evaluación psicológica, en la que la psicóloga clínica explora cómo funciona la mente de Jamie, analizando su autoconcepto e indagando en sus relaciones y sus creencias acerca de la sexualidad, la masculinidad y la feminidad, podemos ver que su autoconcepto se ha visto dañado por varias experiencias.

El autoconcepto es la percepción que una persona tiene de si misma y se desarrolla a partir de la interacción que tiene con su entorno. En la adolescencia es especialmente frágil, debido a la búsqueda de identidad y de querer encajar que caracteriza a esta etapa.

Jamie se ha sentido rechazado a lo largo de toda su infancia. En el colegio, fue víctima de Bullying y más tarde, en el instituto, también es rechazado a través de burlas de sus compañeros y en redes sociales. Además, comenta que en los partidos de fútbol su padre se avergonzaba de él y cuando fallaba miraba para otro lado. Algo que confirma el padre en el cuarto capítulo, cuando confiesa que le avergonzaba que su hijo no fuese bueno en deportes y que los compañeros y otros padres se burlaran de él. En su creencia de que así lo protegía, evitaba mirarlo en esos momentos, para que no viese la vergüenza que estaba sintiendo. Su padre también pensaba, aunque no se lo dice, que era muy inteligente en el ámbito académico y muy bueno con la tecnología y la pintura, como se refleja en la valoración del dibujo en la postal de cumpleaños que le envía. Pero eso no le llegó a él durante esa etapa tan complicada de búsqueda de la identidad y de forjar su propia personalidad, por lo que no pudo interiorizar esa visión positiva de si mismo. Esto hizo que Jamie interiorizara que no era lo suficientemente bueno, ni siquiera para su padre, que en lugar de protegerlo, se avergonzaba de él. Esto genera una herida de apego porque su figura de referencia no le cuida cuando más lo necesita, reforzando su inseguridad y favoreciendo que evitara situaciones en las que pudiera volver a sentirse humillado. Esta herida de apego, por este abandono emocional, desde la teoría del trauma tiene el mismo peso que una agresión física. Al no poder escapar de esa situación que le genera un sufrimiento de forma prolongada, se activa la disociación como mecanismo de defensa, separándose de esa experiencia dolorosa, como estrategia para sobrevivir.

Vemos que no es capaz de explicar de forma coherente qué piensa sobre la masculinidad o la feminidad cuando se lo pregunta la terapeuta. Pero sí hay detalles que dejan ver que su padre y su abuelo más, eran un ejemplo de masculinidad: ver deportes, ir al bar, solo amigos hombres,… Y por eso él solo tenía amigos y no amigas. Pero no era bueno en los deportes y eso reforzaba la idea de ser defectuoso.

Uno de los puntos centrales del segundo episodio es cómo la mente de un adolescente puede ser moldeada por el contenido que consume en línea.

El cerebro adolescente busca identidad y pertenencia. La adolescencia es un período en el que los jóvenes forman su identidad, y Jamie estaba en una etapa en la que se sentía inseguro y vulnerable. Al no encontrar apoyo en su familia o en el mundo real, lo busca en internet, donde encuentra comunidades que le ofrecen validación.

Sus padres no tienen idea de lo que Jamie hace en internet. No supervisan su consumo de contenido ni se preocupan por su vida emocional. Esto se hace visible en el último capítulo, cuando los padres manifiestan que pensaban que estaba seguro en su habitación.

Podemos ver en el segundo capítulo, en la escena en la que Adam habla con su padre el inspector de policía, como el salto generacional y los nuevos códigos entre los adolescentes, dificultan que los adultos en general y la policía en concreto comprenda la motivación del crimen, que viendo los mensajes en redes entienden que Jamie y Katie eran amigos.

Sin embargo, Adam que también sufría las burlas de sus compañeros, revela que, en realidad, de esos mensajes se puede extraer que Jamie ha sido influenciado a través de la “manosfera”, que es una red de webs, foros y blogs que promueven la masculinidad enfatizada, la misoginia, la hostilidad hacia la mujer y una fuerte oposición al feminismo. Concretamente a través del movimiento incel (involuntariamente célibe), una subcultura en línea donde los hombres culpan a las mujeres de sus fracasos románticos y sociales y se caracterizan por el resentimiento, la misantropía, la misoginia y la apología de la violencia contra las mujeres. Muchos incels, instan a tomar la “píldora roja”(que es uno de los símbolos que le envía Katie por redes, identificado con la dinamita), que se refiere a un despertar a una verdad supuestamente oculta (como metáfora de la pastilla roja de las películas de Matrix) y confirmar, según ellos creen, que su destino está sellado desde su nacimiento por fuerzas que escapan a su control, entre ellas el feminismo. Además, se basan en la creencia de “la regla del 80-20”, de que el 80% de las mujeres se siente atraída solo por el 20% de los hombres, dejando a los demás sin posibilidades. Que el 80% son inaccesibles y que hay que engañarlas porque es la única forma de conseguirlas.

Vemos que esta información la repite también Jamie en el tercer episodio. Su concepto de masculinidad estaba asociado a una sensación de frustración e inferioridad. Esto fue haciendo que sintiera rabia hacia si mismo y aumentase el resentimiento hacia las mujeres, distorsionando la visión que tenía sobre ellas. La terapeuta le pregunta si se sentía atraído por Katie, a lo que responde que no era su tipo. Pero después cuenta que le envió una foto desnuda a un chico y que este la compartió por todo el instituto. Jamie refiere que él no atrae a las mujeres porque es feo y que aprovecha ese momento, en el que considera que nadie va a querer estar con ella, para pedirle una cita, porque igual en ese estado de vulnerabilidad sí podría gustarle él. Pero ella se ríe y le dice que no está tan desesperada. Toda esta influencia de la manosfera culmina con la acusación de incel por Katie en redes, siendo apoyada con corazones a favor y otros comentarios similares, reforzando la creencia de que nunca sería aceptado. Katie, elije acosar al que considera más débil en ese momento en el que ella se siente vulnerable, en vez de ir directamente a la fuente de su malestar, que era el chico que difunde su foto.

Jamie no solo es influenciado por internet, sino también por su grupo de amigos, que juegan un papel clave en su transformación. La necesidad de encajar lo hace vulnerable a la presión social. Su grupo de iguales utiliza el humor cruel y la humillación para establecer jerarquías de poder dentro del grupo. Para evitar ser el blanco de burlas, Jamie aprende a repetir sus discursos.

Al saber que el cuchillo utilizado para matar a su compañera se lo presta su amigo Ryan, se le da fuerza a la idea de la presión de grupo y de la importancia de juntarse con las compañías adecuadas, ya que este amigo, en vez de frenarlo en sus impulsos, lo animó, dándole el arma.

El inspector de policía, al descubrir todo ese mundo al que se están enfrentando los adolescentes, decide ir a comer con su hijo, esperando compensar el daño que le pueda estar haciendo el entorno en el que está inmerso y poder generar así un espacio de seguridad.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es que la exposición constante a contenido violento, puede reducir la empatía y aumentar la agresividad en adolescentes propensos a la vulnerabilidad emocional. Hace que se normalice la violencia y se vea la agresión como algo justificable.

Este aspecto lo podemos ver en lo que comenta Jamie en la sesión con la terapeuta, que normaliza el comportamiento violento de su padre cuando, durante un enfado, destroza el cobertizo y a él y su hermana les hace gracia. Pero esto también podemos verlo en sus iguales. En la visita al instituto de la policía, en el segundo capítulo, el alumnado entre risas, comenta lo que ha hecho su compañero de clase, sin aportarle al asesinato la gravedad que merece. Jade, la mejor amiga de Katie, acusa a Ryan amigo de Jamie, de haber hecho que la mataran, mientras lo empuja, tira al suelo y le propina varias patadas. En ese momento, lo graban en video y hacen comentarios entre bromas, sobre el hecho de que le haya pegado una chica, como síntoma de debilidad en un hombre.

El día del asesinato, Jamie sigue a Katie, con el cuchillo de su amigo, para intimidarla por haber hecho esas acusaciones sobre él, pero se le va de las manos y acaba matándola. El que la haya acuchillado siete veces refleja lo personal y emocional que fue el crimen contra quien considera la culpable de la vergüenza y la rabia que siente. De la sesión con la psicóloga podemos extraer que Jamie por un lado está plenamente convencido de que ha hecho justicia por lo que Katie le ha hecho a él, pero al mismo tiempo está aterrorizado con la posibilidad de que no, de ahí que busque en la terapeuta reafirmación en lo mala persona que era la chica.

Al día siguiente (primer episodio) lo arrestan en su casa delante de su familia y lo interrogan. Durante todo este proceso, se observa que Jamie está atrapado en un estado de confusión, disociación y negación.

Probablemente no entiende completamente la magnitud de la acusación a la que se enfrenta. Este desconcierto es un reflejo de su inmadurez emocional. Podría estar sintiendo una mezcla de emociones como la culpa, que es una emoción particularmente difícil de manejar en la adolescencia, ya que puede mezclarse con la vergüenza y el temor al juicio social, especialmente cuando el adolescente está siendo observado y evaluado por otros. La acusación de asesinato puede generar una gran ansiedad y temor (¿seré encarcelado? ¿qué pasará con mi vida?). El miedo es una reacción psicológica natural frente a situaciones en las que el futuro está lleno de incertidumbre.

El momento en el que se levanta de la cama y vemos que se acaba de hacer pis, es una muestra visual de su shock y miedo extremo. Una señal de que su cuerpo ha entrado en un estado de colapso nervioso, incapaz de reaccionar de otra forma.

Aunque está involucrado en un crimen grave, muestra signos de disociación negando lo que hizo y no asumiendo la responsabilidad de sus acciones. Para protegerse, la mente bloquea partes del evento para evitar el dolor emocional y se desliga de las emociones y de la culpabilidad que normalmente acompañan a un acto tan grave como un asesinato. Parece que su mente está separada de esa realidad debido a la incapacidad de procesar la magnitud de lo que ha hecho. Esta desconexión es un rasgo común en personas que experimentan estrés postraumático o que han cometido actos violentos sin ser plenamente conscientes de sus consecuencias. La disociación le permite no enfrentarse a la culpa y a la crisis de identidad que supone ver su propia imagen como alguien “bueno” o “malo” o que pueda ser considerado un “asesino”.

No sólo está tratando de comprender lo que sucedió con el asesinato, sino también quién es él en este contexto. Este proceso es aún más difícil cuando se siente incomprendido o aislado de los adultos y otras figuras de autoridad en su vida, al verse solo en una celda y teniendo que responder a preguntas que le hacen responsabilizarse de golpe, tales como si comprende lo que se le está diciendo, si quiere un abogado o quién quiere que sea su adulto responsable. Los adolescentes necesitan redes de apoyo para manejar situaciones de crisis, y la falta de estas redes puede aumentar su vulnerabilidad.

Durante el interrogatorio, la policía utiliza diversas estrategias psicológicas para hacer que Jamie confiese, como el juego del policía bueno y el policía malo y el uso del silencio y la culpa.

La mente adolescente, aún en desarrollo, no está preparada para manejar la presión de este tipo, lo que puede llevarlo a respuestas impulsivas, contradicciones o incluso una confesión falsa bajo estrés.

Siete meses después, internado en un centro psiquiátrico juvenil en espera de juicio, durante la entrevista con la psicóloga encargada de evaluar su comprensión de las circunstancias que rodean el caso, el estado de ánimo de Jamie fluctúa, de amistoso, a paranoico, agresivo y amenazador, incluyendo varios arrebatos de ira.

Se vuelve a ver cómo Jamie sigue disociándose de la culpa, pero debe enfrentarse a ella para poder avanzar. Por ello, la terapeuta le hace enfrentarse al hecho de que su compañera está muerta y que nunca va a volver. En ese momento reacciona con rabia y hostilidad para no conectar con su culpa.

Habría varias partes de la personalidad de Jamie, que aunque no están completamente separadas a modo de generar un trastorno de identidad disociativo, sí lo están lo suficiente como para generar un conflicto interno. Habría una parte herida y vulnerable, situada en el miedo, la vergüenza y la sensación de no ser suficiente y otra defensiva, desconectada de la culpa.

La vulnerable es la que aparece cuando lo detienen y se hace pis, la que busca a sus padres y pregunta y se preocupa por ellos, la que no recuerda el asesinato, la que dice que es mejor que los demás, porque no tocó a Katie cuando podía haberlo hecho porque tenía un cuchillo, y también en la sesión con la psicóloga, cuando busca que le diga que no es feo o que su padre no se avergonzaba de él o cuando ella le dice que es la última sesión y él le pregunta si le cae bien, si le agrada o no, manifestando su necesidad de validación.

Por otro lado estaría la parte defensiva que ha aprendido a responder atacando, que se ha alimentado de los contenidos de la manosfera y que aparece cuando le presentan las imágenes del asesinato o cuando lo confronta la terapeuta. Esto ocurre porque conecta con su trauma, que le hace sentir un profundo rechazo hacia si mismo por la creencia de que es defectuoso. Por ello, proyecta su rabia hacia el exterior porque las teorías de los incels le hacen creer que él no es el problema, si no las mujeres. De esta forma no pone el foco en si mismo, algo que emocionalmente le resulta doloroso, y se focaliza en el exterior, en algo que le alivia, aunque de forma tóxica.

Podemos ver también en el tercer episodio como la psicóloga tiene que lidiar con varios aspectos de la masculinidad en las escenas con el guardia de seguridad, en las que elegantemente sortea su paternalismo y durante toda la sesión con Jamie que, además de la psicóloga, para él es una mujer dentro de los esquemas que él tiene sobre la masculinidad y la feminidad.

En esta serie podemos ver también cómo esta situación tiene repercusiones directas sobre la familia.

En el primer episodio, vemos que la reacción de la familia de Jamie ante su detención es tensa, desbordada por la angustia y la desorientación. Es importante entender que, debido a la gravedad de la situación y al impacto emocional que provoca en todos los involucrados, las respuestas varían de un miembro de la familia a otro, pero en general, se muestra una fuerte sensación de confusión y desolación.

En el cuarto capítulo, trece meses después de la detención de Jamie, se ve como la familia vive con el estigma de lo ocurrido y son objeto de miradas y comentarios hasta el punto de afectar al trabajo del padre. La familia intenta celebrar el cumpleaños del padre, pero se frustra cuando encuentran una pintada en la furgoneta acusándolo de ser un abusador de menores. Resulta ser obra de compañeros de clase de la hija, que no entendiendo las motivaciones de Jamie para el asesinato, piensan que de tal padre, tal hijo. Deducimos que la familia está acudiendo a terapia para procesar todo lo vivido.

Los padres se plantean su parte de culpa en los actos de Jamie y se cuestionan si cambiar de ciudad para empezar de cero. Llegan a la conclusión de que vayan a donde vayan, en algún momento alguien se enterará y deciden seguir con sus vidas en el mismo lugar.

Jamie llama para felicitar a su padre por su cumpleaños y les cuenta que cuando llegue el juicio, se declarará culpable. En este momento podemos decir que ya no está disociado de la culpa y se está permitiendo avanzar, asumiendo la responsabilidad de sus actos.

La serie termina con la aceptación por parte del padre de lo que ha hecho Jamie, cuando entra en su cuarto y rompiendo en llanto, se disculpa ante el peluche de su hijo por no haber sido mejor padre, asumiendo una carga que sabemos, no le corresponde solo a él.

Jamie no es un psicópata y no nació siendo un asesino, sino que fue el resultado de años de rechazo, aislamiento y humillaciones que le han provocado un trauma complejo que ha afrontado en soledad, sin alguien que le haya ayudado a integrar esas experiencias. Esto resalta el hecho de que la falta de apego emocional y comunicación entre padres e hijos puede hacer que los adolescentes busquen validación en otros lugares, incluso en comunidades peligrosas.

En esta serie podemos ver como los y las adolescentes de las generaciones Z y alfa, nacidas y criadas en las redes sociales y en Internet, tienen códigos propios y comportamientos que a los adultos le pueden resultar difícil de interpretar.

Nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad colectiva en la formación de la identidad adolescente y de cómo el entorno, la presión social y las redes, pueden influir en las ideas que se interiorizan sobre la masculinidad y la feminidad, que puedan fomentar y perpetuar la violencia.

Comprender estos procesos desde la psicología nos ayuda a mirar con más empatía a quienes atraviesan este difícil pero transformador periodo de la vida y nos permite brindar apoyo en lugar de juzgar.

¿Estamos realmente escuchando y comprendiendo a los adolescentes en un mundo donde la imagen y la percepción pueden definir su destino?

¿Estamos realmente preparados para acompañar y guiar a los y las adolescentes en su camino?

¿Qué podemos hacer para construir espacios seguros donde puedan desarrollarse sin miedo al rechazo?

Está claro que queda mucho trabajo por delante, pero el primer paso es acompañar a nuestros hijos e hijas, hablarles y escucharles sin juzgar, dejando claro los límites respecto a qué comportamientos no tolerar nunca y favorecer que tengan diferentes grupos sociales de los que se puedan nutrir.

 
 
 

Comments


bottom of page