A lavarse las manos
Todos los 15 de octubre se celebra el Día Mundial del Lavado de Manos. Según la OMS, la principal vía de transmisión de patógenos son las manos. En todo el mundo miles de personas mueren por día a causa de infecciones contraídas por transmisión a través de las manos y la piel. La higiene de manos demanda 30 segundos si hablamos de alcohol en gel y unos 60 segundos si se trata de agua y jabón. Un hecho tan simple como este, aplicado en forma constante y disciplinada, salva vidas.
Las manos actúan como vectores de transmisión de patógenos. La piel está normalmente colonizada por microorganismos y hay zonas más propensas como axilas, ingle, tronco, zona del perineo, el tracto gastrointestinal, las extremidades, las fosas nasales y fundamentalmente las manos. Los microorganismos presentes en ellas constituyen la flora y colonizan partes superficiales y profundas, con diferentes acciones patogénicas y se adquiere generalmente por el contacto con otra persona o con superficies contaminadas.
Nuestras manos son un paraíso para todo tipo de microorganismos: ya sean bacterias, virus o hongos, que suelen instalarse en ellas con relativa facilidad. Una higiene adecuada, es una solución básica para crear una barrera de entrada a estos agentes infecciosos, responsables de millones de muertes en todo el mundo, sobre todo en países en vías de desarrollo donde no existe un acceso generalizado al agua potable.
Con las manos lo tocamos todo, convirtiéndonos en agentes de transmisión de primer orden, ya que se trata de una superficie calientes y húmeda, con restos de sudor y de descamaciones de la piel que actúan como un imán para todo tipo de microorganismos, incluso en lugares de apariencia inocua. La superficie de un teléfono móvil, por ejemplo, puede llegar a albergar 30 veces más bacterias que un inodoro.
Al tocar cualquier cosa se queda la huella microbiana, un rastro que contamina a la siguiente persona que tocamos, lo cual contribuye a multiplicar muchísimo el potencial de los microorganismos. Cada vez que no nos lavamos las manos estamos potenciando la contaminación microbiana y dando libertad a un agente infeccioso para que se distribuya a sus anchas sin encontrar barrera alguna.
LAVADO DE MANOS CON AGUA Y JABÓN -Quitarse anillos, relojes y pulseras antes de iniciar la antisepsia de las manos. -Abrir la canilla y mojarse las manos con agua tibia y luego aplique suficiente jabón para extenderlo por todas las superficies. -Frótese las manos entre ellas haciendo espuma fuera del agua corriente y así evitar que el jabón se vaya. Con la canilla cerrada también ahorramos agua. -Arrastrar la palma de la mano derecha contra el dorso de la izquierda entrelazando los dedos y después al revés para luego pasar las palmas de las manos entre sí, con los dedos entrelazados. – Seguir restregando el dorso de los dedos de una mano contra la palma de la mano opuesta, manteniendo unidos los dedos y rodeando el pulgar izquierdo con la palma de la mano derecha haciendo con un movimiento de rotación en ambas manos. – Frotar también la punta de los dedos de la mano derecha contra la palma de la mano izquierda, haciendo un movimiento de rotación, y viceversa. – Volver a abrir el agua y enjuagar bajo la corriente para retirar todo el jabón y de esa forma eliminar toda la capa de grasa de la piel, superficial, con los patógenos y suciedad. Ahora cerra definitivamente la canilla.

El lavado con agua y jabón, por lo general, es suficiente para eliminar la flora transitoria, o sea, aquella que no es parte de nuestra piel y puede producir enfermedades. El lavado social es aquel que se realiza de forma convencional mediante la acción del agua y el jabón neutro, tiene efecto por arrastre y por la acción del jabón. La duración total del procedimiento es de 40-60 segundos, que podemos acompañar con una canción para no tener que contar.







La estructura de los jabones presenta una parte liposoluble y otra hidrosoluble, esto permite que ejerzan una acción limpiadora sobre las grasas en presencia de agua. Las moléculas de jabón rodean a la suciedad hasta incluirla en una envoltura denominada micela. La parte apolar de la molécula de jabón se disuelve en la gotita de grasa presente en la suciedad, mientras la parte polar, se orientan hacia la capa de agua que los rodea. La repulsión entre las cargas iguales evita que las gotas de grasa se unan de nuevo, formándose así una emulsión que se separa de la superficie que se está lavando o limpiando, de esta forma la espuma del jabón arrastra la suciedad de la superficie, de la piel y de las manos.
Como explica Pall Thordarson, químico de la australiana Universidad New South Wales, los virus están formados de material genético (ARN), unas proteínas externas que les sirven para anclarse a las células humanas (entre otras cosas) y una envoltura de grasa, una membrana) que lo protege todo tanto y que ayuda al virus a propagarse e invadir nuevas células. “El jabón disuelve la membrana lipídica y el virus se desmorona como un castillo de naipes y “muere”, o más bien, deberíamos decir que se vuelve inactivo ya que los virus no están realmente vivos”. De hecho, según apunta el científico, los desinfectantes, geles, cremas… que contienen alcohol tienen efectos similares, pero en realidad no son tan buenos como el jabón normal. Esencialmente, como apunta Thordarson, “el jabón efectivamente “disuelve” el pegamento que mantiene unido al virus”.
La técnica del “lavado seco” con alcohol en gel es semejante pero sin agua y puede realizarse siempre que las manos no se encuentren visiblemente sucias. Es una acción a la que recurrir en caso de no tener agua y jabón ya que nada los sustituye.
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