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A COMO TOQUE

Mar 12, 2019
5 min read

“Porque nos van a matar”

El día martes 12 de marzo de 2019, los estudiantes de la facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, se desayunaron la conmoción de que lonas pertenecientes a las planillas postuladas para Consejo Universitario fueran arrebatadas, así como de paredes pintadas con las frases “Porro” y otras más audaces con la inscripción “Universitario Despierta La Lucha Sigue”, acompañada del signo característico de los simpatizantes anarquistas.

Es evidente que ni con toda la pintura blanca que puedan comprar, la sangre y el dolor podrá escurrirse de las paredes de una universidad que ha sido escenario de represiones y lucha, no obstante, es debido criticar la situación actual de la facultad y buscar respuesta ante un comportamiento lejano a la protesta real y con intereses claros.

La palabra “porro” tiene lugar en el México de 1940, en la UNAM, dónde autoridades que se oponían a las olas de asociaciones universitarias con principios comunistas y de autonomía, intervienen filtrando personajes que, por medio de la violencia organizada buscan desprestigiar y dividir el movimiento de protesta que se generaba en la época. Con el mismo modus operandi de un mercenario, estos sujetos encaminaban su labor de opresión agrediendo a los estudiantes a cambio de un sueldo otorgado por el gobierno, y generalmente matriculados con el prestigio de un “fósil” que llevaba años en la universidad, o incluso como alguno de los miembros de dichas asociaciones.

En Puebla el fenómeno comienza a tener fuerza en el año de 1961, dónde estalla un movimiento estudiantil en la (de ese entonces) Universidad Autónoma de Puebla, cuyo objeto fue institucionalizar una universidad laica y gratuita, y lograr la autonomía real de la universidad. El choque rotundo de dos bandos polarizados entre liberales y conservadores, los llevó a fraccionarse en movimientos que llegaron a confrontaciones bastante agresivas. Por la parte conservadora el Frente Universitario Anticomunista se forjó con ideales católicos e intolerantes, en contra de los partidarios comunistas conocidos como los carolinos, que se manifestaban a favor de los ideales de la revolución cubana y establecían notoria repulsión ante el actuar de las tropas estadounidenses que entraban en carácter de invasión a la isla.

La creciente simpatía de grupos guevaristas en contra de los “catolicismo sí, comunismo no”, se intensificó con enfrentamientos verbales y físicos, que llevaron al rector de aquella época, Armando Guerra, a suspender las clases de la Universidad a partir del 27 de abril, hasta nuevo aviso. Los estudiantes liberales buscaron apoyo en maestros como Manuel Gil Barbosa y el doctor Julio Glockner, que los respaldaron y recibieron en sus casas. Por otra parte, alumnos del Instituto normal del Estado y del Instituto Mexicano Madero, apoyaron la lucha explayándose a favor de la universidad laica, a favor de que no se implantara ninguna ideología en las universidades y se declararon en huelga.

El 1° de mayo un grupo de estudiantes toma el edificio Carolino y por la noche llama a una conferencia de prensa, dónde exigen la renuncia del rector, para el 2 de mayo, Armando Guerra dialoga con el Comité Estudiantil Poblano y promete presentar su renuncia, pero no lo cumple, por lo que el 9 de mayo el Comité Estudiantil Poblano nombra como rector de facto al doctor Julio Glockner Lozada. Desde ese momento los estudiantes y profesores, estuvieron de acuerdo en denominarse carolinos.

En el transcurso de la lucha diversos universitarios fueron reprimidos: Enrique Cabrera estudiante de ingeniería civil, fue aprehendido en su domicilio, pero gracias a la presión de diversos estudiantes y maestros, fue puesto en libertad un año después, el 22 de agosto de 1962. Diversos eventos se suscitaron posteriormente, compañeros de lucha como Arturo Guzmán Vázquez o Zito Vera Márquez, sufrieron destinos similares al de Cabrera y despertaron el interés y solidaridad de instituciones como la Federación Universitaria de México, que llegaron al estado de Puebla para declararse a favor del movimiento y a entrevistarse con el gobernador.

Para evitar enfrentamientos las clases se reanudarían por mandato del gobernador, y en acuerdo con el jefe de la XXV Zona Militar, se realizó el operativo de flanquear los edificios universitarios y se precisó que cualquier reunión de más de tres jóvenes sería disuelta por la fuerza, obligando la reintegración a clases el 11 de septiembre.

Evitando nuevamente los problemas, la UAP abriría cursos el año siguiente bajo los nuevos lineamientos de la reciente ley orgánica, que debería estar terminada para el 30 de enero de 1962. No obstante: El “Comité Coordinador de la Iniciativa Privada de Puebla declaró su profundo desacuerdo, y por conducto de su representante, Abelardo Sánchez, rico comerciante librero, afirmó que la nueva ley orgánica era una copia de las leyes rusas”.

La derogación de la ley en 1963 concluyó en nuevos disturbios, la reanudación de clases en enero prosiguió, pero los problemas no cesaron y nuevas revueltas, así como represiones desmedidas, se hicieron presentes.

El movimiento tuvo su fin en el mes de febrero de 1963, con la elección del rector Manuel Lara y Parra, que derivó en la promulgación de una nueva ley orgánica que rescató los sentimientos de la comunidad universitaria, en la que, no obstante de haber obtenido la autonomía en 1956, el rector y el Consejo de Honor enfrentaron con crudeza las decisiones antes tomadas por el gobernador.

El ejercicio porril en Puebla tomó sus primeros vuelos por aquel entonces, y a pesar de no compararse con lo ocurrido posteriormente en el año de 1968, hasta ese momento la Universidad de Puebla se manifestaba con un eco bucal ácido, de rebeldía y unión.

Pero los fragmentaron, a pesar de la historia que se alza sobre edificios hoy bien pintados y reconstruidos, entre becas e intercambios dados con el mismo ademán de quien premia a una mascota, fue inevitable y hoy, los universitarios no viven en paz con sus ideales, sino conformes.

Hoy en día es menor la cantidad de asociaciones a quienes les llaman revoltosos, la presencia de interés social se ha manchado por el espectro de intereses políticos y económicos. Pero ya no los van a matar, en los salones dónde el firmamento de la lucha se manifestaba, hoy pululan los maestros sin idea de sus clases, las enseñanzas del “impulso procesal” y la falsificación de documentos para alargar procesos y cobrar más: hoy el estudiante se hace de la vista gorda y prefiere el morbo de las redes sociales y las galletas de perro que a veces sueltan “como fingiendo apoyo”.

El día martes 12 de marzo de 2019, en la Facultad de Derecho y Ciencias sociales de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, los estudiantes se desayunaron el mal sabor de boca de las paredes pintadas por los porros exigiendo que se salgan los porros, de los beneméritos buenos días a las elecciones del mangoneado consejo rectorial, y de la inconsciencia ante la lucha de quienes buscaron el beso del conocimiento y la autonomía de la mente.

En la mañana del 12 de marzo, alguien murió en la facultad; en otro año y por supuesto, en otro tipo de generación.

“Somos los hijos de los que asustaron lo suficiente, como para hoy aceptar el silencio.”

-Anónimo

13 de marzo de 2019

 
 
 

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