Eran
Eran los sueños fugitivos y descalzos para huir volando dentro de un papalote.
Eran las pisadas ansiosas en las intermitencia de la fiera noche.
Eran las punzadas de la sangre y el vino comiéndose a besos.
Eran las ganas de dormir para siempre en las amígdalas del cielo.
Nubarrones y deseo, como una pincelada gris tatuada sobre el pecho.
Entrégame tu corazón de aceituna en la liturgia de la insoportable indiferencia.
Entrégame tus ganas de gritar y acechar como una lechuza hambrienta aleteando entre las espinas.
Era la canción solemne saboreando el desamor, la estampida perfecta jalando el gatillo.
Eran los ojos lejanos de la luna mirando el eterno vacío que quedó tras nosotros. ::.

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