2020. El año que todo lo cambió
En 2020 nos habíamos propuesto surcar los mares para no romper el patrón de crucero cada tres años (2008, 2011, 2014 y 2017). La duda era la de siempre ¿adónde? De hecho, cada vez es peor, porque en cada ocasión nos es más complicado elegir destino.

Esta vez descartamos Mediterráneo, pero con el Norte de Europa tampoco lo teníamos sencillo, ya que nos volvía a ocurrir lo mismo que en el 2017: o bien repetíamos escalas, o bien teníamos que elegir uno de 12 días. Además, la idea era viajar en el primer cuatrimestre del año, y en esas fechas todo lo que fuera norte, quedaba prácticamente descartado. Con la misma problemática que hace tres años, se cayeron además Caribe y, por extensión, África, Norteamérica y Asia. Así que, no nos quedaban muchas opciones más allá de Oriente Medio si teníamos en cuenta las fechas y que no queríamos repetir destino.
Y así terminamos 2019, ilusos de nosotros, con propósito de concretar en 2020 las fechas y pedir las vacaciones en el trabajo. Pero entonces EEUU asesinó al general Soleimani e Irán respondió lanzando misiles contra una base estadounidense en Irak. Esos movimientos nos pusieron en alerta, pues no sabíamos si sería muy seguro navegar por un mar sobre el que se lanzaban misiles. No obstante, no veíamos que las navieras hicieran cambios en sus itinerarios, sino que las rutas seguían ofertándose como si nada. Así pues, tras un mes con la duda de si buscar otro destino (que ya habíamos visto que sería complicado) o contratarlo, finalmente ganó la segunda opción, y en febrero comparamos varias agencias y navieras (variaba alguna escala), concretamos fechas, pedimos vacaciones y reservamos.
Me pasé el mes de febrero verificando si necesitábamos visado, si nos vendría bien tener una tarjeta de datos para el móvil, si sería conveniente reservar excursiones o si sería factible ir por libre en las diferentes escalas… Nuestra salida era el 19 de marzo, por lo que apenas contábamos con un mes para aclarar estos aspectos. Sin embargo, todo cambió en un momento cuando apenas una semana antes de marcharnos de viaje cerraron los colegios en Madrid, nos fuimos a casa a teletrabajar y unos días más tarde nos confinaron al declarar el Estado de Alarma. Los planes saltaron por los aires.

Pronto nos quedó claro que la pandemia iba a estar con nosotros un tiempo y que nos iba a condicionar no solo en los viajes que teníamos pensados para 2020, sino que ya nos había modificado algo tan simple como nuestro día a día (distancia social, mascarilla, precaución en lo que tocamos…). En lo relativo a los viajes parece que a medio plazo ya no va a ser ni tan fácil ni seguro. Y veremos a largo plazo. Todo se ha complicado porque para reducir la proliferación del virus lo prioritario evitar al máximo los desplazamientos y contactos. Y mientras no haya vacuna, cualquier movimiento es un riesgo. Aunque hay países que cerraron sus fronteras a visitantes extranjeros, lo cierto es que hay muchos otros a los que sí se puede ir. No obstante, el proceso de decisión es un tanto más complejo.
En primer lugar habría que comprobar efectivamente si el lugar de destino permite o prohíbe la entrada de viajeros de nuestro país, algo que suele publicarse en la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores. Por otro lado, puede que no se nos impida la entrada, pero sí se nos exija una cuarentena obligatoria de un par de semanas, lo que en viajes cortos supondría que no podríamos salir del alojamiento y por tanto, sería como quedarnos en casa. También puede ocurrir que el país de destino no nos exija cuarentena alguna, pero que la tengamos que cumplir al volver. Aunque tal y como están los números en España, somos más riesgo nosotros al salir, que quienes puedan entrar.
En otros casos en lugar de cuarentena se exige un test PCR negativo horas o pocos días antes de viajar. O incluso una vez al entrar en el país. Al coste económico de esta prueba tendríamos que sumar el riesgo de ser asintomáticos y dar positivo y que no nos dejen entrar.
Otro aspecto a tener en cuenta es que el billete de avión o la reserva de alojamiento permita cancelación gratuita. Con los vuelos es más complicado, pues apenas ofrecen esta opción, pero en algunos casos sí que permiten la modificación de fechas o un bono para viajar con la compañía en otro momento. Conviene averiguar antes de viajar qué alternativas hay.
Por otro lado está el tema del seguro. Si ya de por sí un seguro de viaje era un gasto más que necesario antes, con más motivo ahora. Habrá que leer al detalle la letra pequeña para confirmar sus límites y diferentes coberturas (cancelaciones, cambio de vuelo, gastos médicos, estancias prolongadas, desplazamiento de un familiar, adelanto de dinero, repatriaciones…). Hay compañías que ya han creado seguro COVID-19 enfocado a dar cobertura en caso de enfermedad durante el viaje.
Otra complicación de hacer un viaje en época de pandemia es la cuestión de los aforos. Quizá en Islandia no haya problema para visitar la mayoría de los sitios, pues es un destino en el que prácticamente todo se hace en el exterior. Sin embargo, en muchos otros lugares nos podemos encontrar que los lugares turísticos están cerrados parcial o totalmente por no poder garantizar la distancia de seguridad o han restringido su aforo al mínimo.
Hasta que la vacuna y tratamientos estén disponible y recuperemos poco a poco la “normalidad” está claro que viajará menos gente. No solo por motivos de salud, sino porque como efecto secundario de la pandemia la economía se está viendo afectada. No solo la de los particulares, sino también la de muchos negocios relacionados con el turismo y la restauración (aerolíneas, agencias, alojamientos, restaurantes…) que se habrán visto obligados a cerrar. Será difícil que volvamos a los precios prepandemia, puesto que la reducción de la demanda ya ha hecho que baje la oferta de plazas, sobre todo en medios de transporte.
No nos queda otra que tomárnoslo con calma y paciencia y confiar en la ciencia.

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